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Leer mucho, la clave para rendir bien en la escuela

22 abril 2012

NOTA: comparto una nota aparecida en el diaio La Capital de Rosario Argentina, con motivo de celebrarse la semana de la lectura. En nuestro país desde hace año se impuls el Plan Lector y sin embargo pocas son las experiencias que se comparten y menos los resultados. ¿Nuestros niños/as leen por oblligación, por deleite, por recreación? ¿Cuántas veces nos hemos dialogado con ellos sobre sus lecturas, sobre sus intereses? A continuaciòn esta crónica que nos llega de lejos y que invita reflexionar. LMSC

Para los chicos de 4º grado de la Escuela Nº 156, disfrutar de la lectura es una práctica cotidiana, donde las historias se comparten. (Foto: S. Suárez Meccia)
Para que a los chicos les vaya bien en la escuela tienen que leer mucho. Con esta premisa el subsecretario de Calidad Educativa del Ministerio de Educación de la Nación, Eduardo Aragundi, explica en qué consiste la política de Intensificación de la Enseñanza de la Lectura en la Escuela Primaria “Leer con todo”, que se presentó esta semana y también se aplicará en la provincia.
La iniciativa nace de los resultados que arrojaron los distintos Operativos de Nacionales de Evaluación (ONE), en especial de 2007 y 2010, donde a los alumnos no les fue tan bien como se esperaba. Por eso se pensó en fortalecer esta enseñanza, poniendo el acento en los 3º y 6º grados de la primaria. De acuerdo a lo que señala Aragundi, “se hace en estos grados por ser los que indican el fin de una etapa”. El 3º es el final del primer ciclo y el 6º es para algunas provincias la culminación de la primaria y para otras, como Santa Fe, el anteúltimo. Aquí la idea “es unificar la propuesta para todo el país”.
Las últimas evaluaciones nacionales muestran que muchas de las dificultades lectoras de los alumnos pasan por los textos más extensos y que demandan cierto análisis crítico. Algo clave para avanzar en el estudio y acceso al conocimiento de cualquier disciplina. “Por eso decidimos trabajar más sobre la enseñanza de esos textos, con ejercicios didácticos diferentes”, añade el funcionario.
45 millones. Desde 2003, el Minisetrio de Educación de la Nación encara un Plan de Lectura con distintas acciones hacia la escuela, y a través del cual se han distribuido hasta el momento 45 millones de libros. “Hemos avanzado con estas iniciativas, ahora queremos potenciarlas, revitalizar la lectura en voz alta, los formatos como los de las abuelas que leen cuentos, los libros en los hogares, entre otras”, anticipa Aragundi.
Para el subsecretario esta decisión se fundamenta también en datos que aporta el ONE. Fundamentalmente aquel que indica que los chicos que más libros tienen en sus hogares tienen mejores rendimientos escolares. “Por lo tanto si estos libros no están disponibles en las familias, deberían estarlo en la escuela”, concluye.
Sin embargo, es un secreto a viva voz que muchos libros que desembarcan en las escuelas quedan encerrados bajo llave por miedo a que “se rompan”, “se pierdan”, también por pereza o desidia.
“Efectivamente —dice Aragundi— eso es una realidad. Algunos libros llegan y quedan a «resguardo» de la biblioteca. No se usan. Y eso evidencia de alguna manera dificultades para trabajar con los textos”. Señala entonces que una de las características de este plan “Leer con todos” es que aporta “herramientas didácticas y pedagógicas para trabajar con estos textos”.
Una punta clave para que este proyecto de intensificación de la lectura funcione es la coordinación entre las acciones de Nación y jurisdicciones. Al respecto, Aragundi dice que “se está trabajando con las autoridades provinciales” para garantizar su implementación.
Colecciones. Por otra parte, adelanta a LaCapital que se trabaja en una nueva estrategia y es que los chicos puedan contar con sus propias bibliotecas. Esto con la entrega de libros en forma directa, para que vayan “construyendo sus bibliotecas personales”.
“Esta idea —se explaya el funcionario de Educación— es también para que los papás lean con los chicos. No sólo la lectura, sino la narración oral de una historia familiar, por ejemplo, incentiva el mundo de los pibes en lo educativo, y esto no es privativo de una clase social”.
“A veces _continúa el funcionario_ es verdad que el libro no está o son los papás que no saben leer. Por eso es tan importante acercar los textos como invitar a que se lea en familia”.
Decisivo. ¿Por qué es importante que los chicos lean, en la casa y en la escuela? “La lectura no sólo los ayuda en el rendimiento en el área de lengua como suele suponerse sino también en otros conocimientos”, define el subsecretario de Nación.
Pero suma un dato bien significativo: “Nuestros estudios evaluativos y otros internacionales revelan que la lectura, y sobre todo desde los primeros grados, está directamente asociada con el éxito futuro de la trayectoria escolar de los chicos”. O dicho de una manera más directa —indica— “que los chicos puedan tener mayores posibilidades de completar la educación obligatoria está fuertemente vinculado a que lean en la escuela primaria”.
Presentación. Esta política nacional de Intensificación de la Enseñanza de la Lectura en la Escuela Primaria la presentó el martes pasado el ministro de Educación, Alberto Sileoni. “Leer con todo” surge de un acuerdo del año pasado del Consejo Federal de Educación. Fue cuando los ministros del área de todo el país se comprometieron —a partir de los resultados y el diagnóstico del último ONE— “a generar políticas que promuevan la intensificación de la enseñanza”.
El plan tiene distintas líneas de acción, entre ellas “el armado de propuestas trimestrales a desarrollar en todas las escuelas del país, que se enviarán a los ministerios provinciales para que las trabajen con los supervisores, directores y docentes de sus jurisdicciones”.
Estas iniciativas para los 3º y 6º grados contarán —además de lo que ya tenga cada escuela— “con cuadernillos, CDs, en la página web del Ministerio y del portal educ.ar”. También habrá cuatro encuentros a distancia para supervisores, directores y profesores de todo el país.
Por su parte, en la presentación de este plan, el ministro Sileoni indicó: “Desde 2003 la lectura es una política de Estado. Tenemos un Consejo Nacional, un Plan Nacional y una Encuesta Nacional, cuyos resultados se conocerán a la brevedad, que se suman a esta política nacional de intensificación de la enseñanza de la lectura en las escuelas primarias”.
El ministro recordó además: “Alentamos esta acción en un sentido amplio: este es un gobierno que ha tomado decisiones como la sanción de la ley de servicios de comunicación audiovisual y la puesta en el aire de las señales televisivas Encuentro y Pakapaka, que proponen otros caminos para la formación de lectores críticos”.
Tan ameno como el recreo
La biblioteca de la Escuela Nº 156 Provincia de San Luis está en la planta alta. Es luminosa, hay libros a mano, mapas y armarios que parecen felizmente siempre abiertos. También es testigo de una rica experiencia donde la lectura es una práctica cotidiana. Allí espera el grupo de 4º grado, con sus maestras Margarita Gaeta y Carla Vidal. La puerta se abre y la primera impresión es que los textos tienen un gran protagonismo en ese grupo de pequeños que rondan los 9 años.
Y es así. Pasan apenas unos segundos de charla para que narraciones y autores se confundan en una conversación que se percibe habitual para este grupo. Catriel está apurado para contar que los libros que más les gustan son “los de animales de todo tipo”. Su amigo de grado, Alejo, que lo conoce muy bien le recuerda que “sobre todo los de dinosaurios”, demostrando que leer para ellos es además de un acto privado un disfrute colectivo.
Atrás, tres o cuatro nenas levantan sus manos casi con desesperación. “A nosotros nos gustan los cuentos de princesas, de amor”, dicen. Alanis muestra entonces el libro que acaba de leer: “Historia del dragón y la princesa”, de Gustavo Roldán, un autor exquisito que hace poquito dejó esta vida pero sigue empeñado en hacer crecer la imaginación de los más pequeños (y grandes también).
“Me gustó porque es muy gracioso, lo recomendaría, lo mejor que tiene es lo distinto, porque aquí la atrapada no es la princesa sino el dragón”, regala la nena su breve crítica literaria.
Selene está en la misma mesa fascinada con la historia de un “hombrecito que lleva una valija cargada de respuestas, hasta que un día se les vuelan” (de Graciela Sverdlick). “Me gustó tanto que lo llevé a mi casa y lo compartí con mi hermano, mi mamá y mi papá”, confiesa.
Y siguen las recomendaciones. Alejo lee por estos días “Las aventuras del sapo Ruperto”, del uruguayo Roy Berocay; Micaela está atrapada por “El increíble Kamil”, de Andrea Ferrari, y en general el grupo se enganchó con “Había una vez un libro”, de Adela Basch. Nicole se inclina por las historietas “pero no las de Gaturro, sino las más reales”. Aracelli dice que aprendió a compartir los cuentos con su hermano más grande: “Hasta un día que no había luz en mi casa leímos uno de fantasmas con la puerta abierta para poder ver”.
Agustín y Juan Pablo descubrieron leyendo que lo que lo suyo pasa por “ilustrar”, y así se definen como “los dibujantes” del grado.
Nada casual. Que la literatura y la lectura en general sean tan amenas como los recreos para estos chicos de zona norte (la escuela está en Zelaya al 2300) no es casual. Antes que las propias maestras, Tomás y Franco se apuran a contar que fue en tercero cuando su seño Margarita llegó al grado y los invitó a tener este encuentro diario con los libros.
“Nuestra biblioteca se llama «La alfombra mágica». Tenemos un grupo en internet (Facebook), y nos llevamos libros a nuestras casas. También la seño nos lee en voz alta”, resumen los dos mostrando un improvisado carné que acredita su pertenencia a la biblioteca del aula.
La experiencia se inició en tercer grado cuando Margarita Gaeta tomó el grupo y comenzó a armar la biblioteca del aula, con libros propios y más tarde con los que llegaron del Plan Lectura de Nación. “Son libros hermosos, de distintos autores, con buenas ilustraciones y en cantidad”, no deja de festejar la maestra que enseguida los puso a circular.
Pero además, “por lo menos tres veces a la semana” —dice— les lee en voz alta textos que eligen sus alumnos o que ella sugiere. Eso se completa con actividades de escritura y comentarios que generan un ida y vuelta contagioso.
Este año, en 4º, las clases son por área. A Carla le toca enseñar matemática y ciencias. “Comparto esta tarea, porque queremos que tengan herramientas para acceder a distintas lecturas”, dice y cuenta que en sus clases de números y problemas, cuando alguien termina antes la ejercitación, puede acudir a la biblioteca del aula y elegir qué leer.
“Es mentira que los chicos no leen”, afirma la maestra Margarita que desde un tiempo está empecinada por aggionarse también a las nuevas tecnologías. Trabaja con la certeza de que “libros hay, sólo falta animarse a que no queden guardados”, desafía.
Según reflexiona, “la literatura es fundamental: los chicos pueden encontrarse con el pasado, con el presente, proyectar al futuro y construir su propia ficción”.Agrega que “sólo hay que tener disposición y leer con ellos. Puedo asegurar que a nosotras también nos enriquece”.
“Palabras al viento”
La provincia llevará adelante el plan de Nación para intensificar la lectura en la escuela primaria. Según la responsable del Programa provincial de lectura “Palabras al viento”, Mabel Zimmermann, se sumará a las propuestas que se vienen desarrollando.
“Los ejes de este plan de Nación están encuadrados en lo que nosotros proponemos como Palabras”, dice y detalla que se lo piensa “encuadrar en esta metodología de trabajo que tenemos en la escuela, como plan integral y para que no haya muchas líneas en simultáneo”. Agrega, que “la provincia viene trabajando con la palabra como estructuradora del pensamiento, con distintos proyectos como son «Rondas de palabras» y específicamente «Palabras al viento», que está más integrado a lo que es la literatura para niños con su implicancia en el trabajo con la lengua”.
Posturas. Sobre la propuesta de trabajo de Nación, Zimmermann aclara que aquí “hay dos posturas claras”: “O partimos de una sistematización obligada por horas o partimos como lo hace «Palabras al viento» de contagiar el deseo de, de ver a la lectura y a la literatura como un espacio de subjetivación y de contacto con el otro”.
Considera que “si bien son dos puntos de partida diferente, se quiere llegar al mismo objetivo de desarrollo de la lectura y la escritura”.
Explica luego que lo que llagará de esta política nacional está destinado a supervisores y directivos, para que luego lleguen a las escuelas. “Se buscará amalgamar este plan con lo que venimos haciendo en la provincia”, insiste sobre cómo se piensa en aplicar la iniciativa.Según explica, una de las metas del programa provincial que representa es “despegar al trabajo docente del especialista, para que se sienta capacitado para los criterios de selección de libros y actividades que sugiere”.

Para incentivar la lectura en los hijos

16 septiembre 2010

NOTA: la siguiente nota quiere responder a una demanda sostenida de padres y madres de familia sobre el tema de la lectura en sus hijos, pues la campaña del Plan Lector se desarrolla de manera mecánica, sin promover ésta previamente y menos en los padres. La finalidad de este artículo es alcanzar algunas ideas para tenerlas en cuenta al promover la lectura en la familia y de manera especial en los hijos:

Cómo animar a la lectura a tu hijo de primaria

A todos los padres nos encanta que nuestros hijos lean porque sabemos que con los libros no solo se aprende, sino que además se pasa bien. En cambio unos niños devoran libros mientras otros no los quieren ni ver. ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer los padres para que nuestros hijos y nuestras hijas disfruten leyendo?
Leer es una actividad fundamental para adquirir conocimientos. Los niños que leen bien obtienen mayores éxitos y mejores calificaciones en los estudios. Todos los maestros y profesores coincidimos en que tener el hábito de leer es una condición necesaria para aprender con más facilidad. En las aulas nos encontramos con dos grupos de alumnos: aquellos que leen bien y les gusta leer y los que tienen dificultades para leer, no les gusta y, por lo tanto, leen muy poco o incluso nunca. Los padres de estos alumnos reacios a leer acostumbran a pedir ayuda: ¿Qué puedo hacer para que mi hijo lea más? Como muy bien dice Ángeles Caso en su artículo “Lectores del siglo XXI”, no es fácil dar soluciones eficaces, a pesar de los años de experiencia de muchos profesionales, y mucho menos soluciones de las que pedimos los padres: que tengan éxito inmediato y que exijan poco tiempo y poco esfuerzo.
Como podéis comprender, nadie os puede proporcionar un remedio de estas características, entre otras cosas, porque en educación no existen remedios milagrosos cual elixir de curandero. Pero sí ha habido estudiosos de la lectura que se han dedicado a observar el proceso lector de los chicos y chicas y a reflexionar sobre este comportamiento para saber qué pasa en los buenos lectores y qué sucede en los que leen poco.
¿Por qué no leen nuestros hijos? A menudo se oye que la causa principal por la que no leen los jóvenes de hoy en día es la televisión. Puede ser que este cine casero no ayude a promocionar la lectura, ya que es más pasivo que el libro, exige menos esfuerzo mental, es más atractivo para los pequeños, etc. No vamos a insistir aquí sobre los problemas que presenta este electrodoméstico para la lectura y el estudio, pero yo quiero apuntar dos reflexiones:
• Primero que ya Rousseau, en el siglo XVIII, calificaba la lectura como “el azote de la juventud”, lo que indica que, cuando no había televisión, leer también era una actividad poco atractiva para muchos jóvenes.
• En segundo lugar que, a pesar de que siempre se dice que se lee poco, nunca se ha leído tanto como en estos momentos y, a veces, la televisión, aunque parezca mentira, usada racionalmente, puede ayudar a leer. Así, es frecuente que las series televisivas de más audiencia disparen la venta de los libros en los que se basa, como ocurrió con la novela Yo, Claudio. Los seres humanos, y por lo tanto los jóvenes y los niños, cuando practicamos una actividad lo hacemos, entre otras, por dos razones: porque la vemos hacer a otros -imitación- y porque tenemos facilidad para realizarla. Como bien ha estudiado el psicólogo Bandura, la imitación de un buen modelo es una de las principales formas de aprendizaje humano. Por eso, cuando hablas con una persona que ha leído desde niño, normalmente dice que su padre, su madre, un abuelo… era un gran lector que, con su ejemplo y cariño, le enseñó a amar la lectura. El niño que no tiene un buen modelo tiene menos probabilidades de ser un entusiasta de la lectura. De la misma manera el que tiene dificultades para entender el lenguaje escrito -porque no tiene buena velocidad lectora, se equivoca al leer, no entiende lo que lee, etc.- tiene menos posibilidades de ser un buen lector. En mis largos años de experiencia nunca he visto a ningún niño que, no siendo un buen lector y leyendo con gran esfuerzo, le guste y quiera leer.
Qué podemos hacer para que lean
1. Que nos vean leer. El ejemplo es, en educación, el argumento más convincente porque posibilita la imitación, animando al niño o la niña a hacer aquello que hace una persona que tiene prestigio para ella como es su padre o su madre. Además, si yo no leo, ¿cómo voy a decir a mi hijo que leer es muy divertido? ¡Si no me ve leer nunca! Como no es tonto me preguntará: “¿A tí no te gusta divertirte?” O pensará: “Dice eso para que lea, pero no es verdad, leer es aburridísimo”. Y no leerá.
2. Leerle nosotros. Es una práctica fundamental, tal vez la más importante y eficaz. Sobretodo, con los niños que tienen dificultades para leer y les cuesta gran esfuerzo hacerlo, con repeticiones de palabras o de sílabas, sustituyendo unas letras por otras, que les impide entender el mensaje y comunicarse con el libro. Leer así es aburridísimo. Es como leer en un idioma que no comprendes, y no hay persona humana que pueda leer más de dos minutos en un lenguaje que no entiende. Pero al leerles nosotros, comprenden el mensaje, por lo que disfrutan con lo que oyen, están atentos y se dan cuenta de que en aquellas páginas hay historias divertidas que valen la pena. La lectura constante, gratis, como un regalo, sin pedir nada a cambio y con amor del adulto siempre despierta el interés y las ganas de leer a medio y largo plazo.
3. Contarles cuentos e historias. Es otra actividad que encanta a los niños de estas edades, aumenta el vocabulario y desarrolla la imaginación además de incrementar los lazos afectivos entre padres e hijos. Contar cuentos no es fácil y a veces nos sentimos un poco torpes, pero se puede aprender con un poco de esfuerzo. Hay libros en el mercado en estos momentos que dan muy buenas ideas y tienen cuentos tanto tradicionales como modernos.
4. Leer con ellos. Cuando el tutor/a nos dice que a nuestro hijo le cuesta leer y debe “practicar” en casa, no lo hará si lo dejamos solo ante el libro en su habitación. En estos momentos necesita nuestra ayuda y nuestro apoyo para que ejercite durante 10 minutos cada día. Leer con ellos supone, por ejemplo, repartirnos la página, llegando a un pacto: “Yo leo el primer párrafo y tú el segundo, ¿vale?”. Leer con ellos requiere que nuestra actitud sea positiva, nunca crítica con sus errores, porque él se ha de sentir cómodo y, lo más importante, con ganas de leer al día siguiente otra vez. Si tiene dificultades para descifrar una palabra se le dice entera sin más, sin esperar a que él haga un gran esfuerzo de análisis que lo agote. Cuando lea una palabra por otra, por ejemplo, “camino” por “camión”, se le puede decir: “Es verdad, podría decir camino porque empieza igual y se parecen mucho, pero dice camión”, porque es importante justificar siempre sus errores que nunca son voluntarios. Y por último, una regla de oro: siempre un poco menos. Es mucho mejor hacer dos sesiones de cinco minutos que una de quince.
5. Suscribirlos a revistas infantiles y juveniles. Pocas personas hay que al llegar a casa y pasar ante el buzón, no miren a ver si tienen algo para ellos. Recibir correspondencia a nombre de uno es agradable. Los niños lo ven y sienten un poquito de envidia de que las cartas sean siempre para sus mayores. Por eso, suscribirlos tanto en centros comerciales que les manden libretos de publicidad a su nombre, como a revistas como “Leo, leo”, que mensualmente les mandan un libro a su nombre les hace bastante ilusión y les anima a leer.
6. Explicarles algún pasaje que nos parezca adecuado del libro que estamos leyendo nosotros. Animar a la lectura es mover la voluntad del niño hacia una actividad que se supone placentera y agradable. Por eso comunicarles y hacerles partícipes de nuestras satisfacciones es demostrarle que leer es divertido y apasionante.
7. Respetar sus derechos como lector. Daniel Pennac, en su libro “Como una novela”, expone los diez derechos del lector, entre los que destacaría en estas edades el derecho a leer lo que le guste (aunque no sea de gran calidad literaria), el derecho a no terminar un libro (¿tú acabas una novela que te aburre?), el derecho a saltarse páginas, a leer en voz alta y a callarnos (¿a tí te gusta que te pregunten qué has entendido del libro que estás leyendo?).
8. Acompañarlos a las librerías a ver libros. Afortunadamente, cada vez hay más libros atractivos para los niños y más librerías especializadas para ellos o con secciones de literatura infantil y juvenil. Siempre respetando sus derechos conviene llevarlos de vez en cuando a ver libros, aunque no siempre compren. Tienen, como nosotros, el derecho a no comprar y nosotros la obligación de respetarlo. Pero es muy bueno que miren y desarrollen su curiosidad.
9. Animarlos a escribir. Siempre que escribimos, necesariamente leemos. Por eso los niños que tienen dificultades para leer, si escriben a sus amigos en verano, confeccionan notas, hacen rótulos en su habitación, etc., están leyendo y desarrollando su capacidad para leer más deprisa y con menos esfuerzo.
Mover la voluntad de tu hijo hacia la lectura requiere, como todo en educación, que estas técnicas y otras que tú te puedes inventar, las apliques con sentido común y con amor. Sentido común para elegir el momento más adecuado para llevarlas a cabo, respetando sus derechos como lector, y amor para comprender sus intereses, y solidarizarse con sus dificultades.
¡Ah! Y por último una sugerencia cariñosa. Si no tienes tiempo para leer, como es lógico, acércate a la librería de tu barrio, compra el libro de Pennac, y empieza por leer el capítulo 49 en las páginas 120 y 121. Ya me dirás tu opinión después ¿Vale?
Pablo Pascual Sorribas
Maestro, licenciado en Historia y en Logopedia.
Con la autorización de: http://www.solohijos.com

¿Sabe usted lo significa leer?

8 agosto 2010

Nota: Por considerarlo importante sobre todo para los docentes que promueven el Plan Lector, transcribo el artículo del Dr. Luis Jaime Cisneros. Sin duda para profundizarlo y discutirlo más allá de las frías y autoritarias normas educativas.

¿Sabe usted qué significa leer?
Dom, 01/08/2010 – 05:00
Por Luis Jaime Cisneros

No todos conocemos los antecedentes latinos del verbo leer. Leggere es una palabra latina de la que deriva la española. Esa palabra significaba ‘recoger el grano en el momento de la cosecha’. Había que recoger el buen grano. Esa tarea no se reducía, como podríamos pensar, a recogerlo. Antes se debía probar el grano, para recoger solamente el que estaba bueno y podía servir como alimento. Era un modo de asegurarse el provecho. Leer era una tarea que aseguraba el alimento. Era, por lo visto, una palabra del mundo rural. Este es el antecedente lejano.
Leer, entre los que hablamos español, significa reconocer las letras y las palabras. No significa pronunciar en alta voz lo que está escrito. Significa penetrar, comprender y saborear el contenido. Significa, así, comprender lo que está encerrado en los textos. No nos conformamos con que los ojos reconozcan los signos; necesitamos que la mente penetre en lo escrito y reconozca el significado: es decir, lo que han querido decirnos a través de la escritura. Ese saber garantiza un aprovechamiento inteligente.
Quien no ha leído no puede defenderse en la vida, porque no tiene nada sabido. Para saber algo hay que leer mucho.
Cuando hablamos de lo valioso que es la lectura, y mencionamos la necesidad que toda persona culta tiene de acercarse a los libros, estamos reclamando por el resultado de una política en que debemos empeñarnos todos los ciudadanos. No es exclusiva tarea de la escuela. Es una obligación familiar. Uno debe adquirir en la casa, antes de ir al colegio, la buena costumbre de leer.
Libros con ilustraciones, para saborear las láminas y recrearlas con la imaginación, deben constituir los estímulos primeros. El libro debe estimular en el niño la capacidad para el asombro, para la sonrisa, para la conmoción interior. Esas láminas pueden inspirar explicaciones, para que vaya el niño asociándolas con el conocimiento. Libros que sirvan para ir creando la certeza de que se es persona. Lo comprobamos cuando el niño recuerda las ilustraciones y cuanto a propósito de ellas le hemos dicho. Ese saber interiorizado lo ayuda a crecer mentalmente. Lo invita a comentar lo que ha visto en los libros con sus pequeños compañeros. Con ese bagaje de texto va el niño a la escuela. La escuela no le da el lenguaje, que el niño ha logrado madurar en la casa.
Hay un error muy difundido que conviene poner de relieve. Cuando se habla de la necesidad de leer, y pedimos inocentemente guía de lecturas para los muchachos, se suele creer que esos textos deben ser de literatura. Muy difundida está, así, la idea de que los libros tienen que ver con la literatura. Nadie concibe que sea legítima tarea de lectura un texto periodístico, un capítulo de un libro de historia económica, un texto de geografía o de anatomía. Se han empeñado en que ese libro sea novela o cuento, y, a veces, hasta de poesía. Grave error, desde todo punto de vista. Basta recordar cómo accede el niño al lenguaje. Su modelo (el indispensable modelo) es la lengua oral que lo rodea, en cuyo ejercicio está inserto. Es lengua surgida de circunstancias específicas de la vida real: desayuno, mercado, juegos y otros momentos de la vida diaria. El lenguaje lo ha ido adquiriendo en determinados contextos familiares, en situaciones idiomáticas muy precisas, en las que el niño suele ser testigo o protagonista.
Por eso las revistas y el periódico son inesperados textos de lectura: dan cuenta de lo que ocurre en la ciudad y en el mundo; hablan sobre la producción, sobre la vida cultural, sobre lo bueno y lo malo. Todo está escrito, y si lo leemos, estamos enterados.
Pero hay que aprender a leer en alta voz. Es indispensable ejercicio para lograr adentrarse en los textos. Ayuda a descubrir el valor que tiene la modulación, la entonación. Una manera de leer en alta voz denuncia si se ha comprendido lo que se va leyendo. Por eso hay que ejercitarse leyendo en alta voz textos escritos y pensados por uno mismo.
La lectura es provechosa cuando el niño está en capacidad de recibirla. El niño debe saber que hay libros que describen las cosas como son: y eso es un libro de geografía, por ejemplo. Y hay libros que inventan una realidad; y esos son los libros de cuentos. Para probar que así es, debemos invitar al niño a que invente cuentos un día, y que describa lo ocurrido la víspera en su casa, otro día. Así va adquiriendo la certeza de que –como todo humano– es un creador de lenguaje, y también la convicción de que puede distinguir lo real de lo irreal.

Compartiendo experiencias: La lectura

14 mayo 2010

El siguiiente es un artículo que describe la forma cómo se puede promover la lectura siendo creativos y preparando ambiente para ello, más allá de las directivas y normas que agobian el desempeño docente.

REVISTA ENLACE. Proyecto del Centro de Intercambio Cultural y Técnico
Libros para Niños. Para soñar un futuro diferente.

Enlace No. 83 – Nicaragua
Yo, cuando leo, voy a lugares bien lejos. Mi vida es como la de la Gallinita Roja. Yo lavo mi ropa, le ayudo a mi abuelita a barrer y a mi mamá a cocinar, ya puedo hacer de todo, freir arroz, cocinar unos frijoles. En la noche hago como que duermo, pero a la vez yo me imagino mi vida cuando ya sea grande, me imagino sólo cosas bonitas.

Así contaba Miriam Ruiz a sus 10 años, cuando estaba en cuarto grado. Ella pertenece a un club de lectura del proyecto Libros para Niños en el municipio El Rosario en Carazo.
Miriam dice, ¿cuál es el cuento de mi vida? “Había una vez… una muchacha pobrecita, que estudió ingeniería industrial, ahí se encontró a un muchacho, se enamoraron y se casaron, tuvieron dos hijos que eran muy educados, que no decían malas palabras.
La muchacha y el muchacho trabajaban y vivieron felices y los hijos hallaron un amor y los hicieron abuelitos…
Y colorín colorado, este cuento ha terminado”.
Eduardo Báez, presidente de la Fundación Libros para Niños en Nicaragua, explica el trabajo que la fundación desarrolla desde 1993. “La pobreza es una historia que se repite de padres a hijos y acaba con las esperanzas de hoy y las del mañana. La Fundación Libros para Niños tiene como misión ayudar a los niños a conocer, a través de la lectura, un mundo que la pobreza no les permite ni imaginar. La lectura les ayuda a ser creativos, imaginativos, soñadores y a ampliar su horizonte en la vida.
La lectura es necesaria para conocer lo que dicen los libros, para estudiar y desarrollarse.

La pobreza impide que niños y niñas tengan libros en sus casas y en las comunidades, a veces ni en las escuelas tienen libros, aparte de los libros para estudiar, y aún cuando los niños aprenden a leer no tienen en qué leer. Para formar lectores hay que tener muchos libros, que les gusten a los niños y a las niñas.
La Fundación Libros para Niños consigue todo tipo de libros, de cuentos tradicionales, de hadas, libros de poemas, de aventura, de misterio; libros de distintos lugares del mundo, para que los niños y las niñas viajen a través de la lectura.
Los niños se identifican con los personajes de los cuentos, en la ciudad los niños trabajadores se identifican con los cuentos donde se pasan dificultades pero que tienen finales felices, en el campo se identifican más con las historias relacionadas con la naturaleza”.
Despierta el amor por la lectura
“Libros para Niños forma lectores, con la esperanza de que algún día seamos un país de lectores, respetuosos de las ideas de los demás. Si los nicas fuéramos así, nos iría distinto como país. Libros para Niños consigue libros para las escuelas del campo, los preescolares comunitarios y las comunidades donde se desarrollan distintos programas.
Para despertar el amor por los libros y la lectura, en cada lugar se crean espacios agradables donde las niñas y los niños tocan los libros, los hojean, los miran o los leen.
Dame de leer Es un programa para los preescolares, es el primer acercamiento a los libros de niños y niñas de tres a seis años. Se prepara a las educadoras para entretener y divertir a niños y niñas con juegos de palabras, canciones, se trabaja con cariño la palabra a través del juego.
Este programa se empezó en 25 preescolares de Nueva Segovia, ahora se trabaja a través de la Comisión de Apoyo a Preescolares Comunitarios, que atiende 175 preescolares. Este programa funciona en Estelí, en ocho municipios de Carazo, en Corinto y a partir de este año en los barrios orientales de Managua. Biblioteca Aula Es para que las niñas y niños de las escuelas, tengan un momento de lectura. En cada escuela tienen un librero que se traslada de una aula a otra, los días de lectura.Este programa se realiza coordinado con el MECD.

La “Biblioteca Aula” es el programa que más éxito ha tenido, el MECD ha creado con el mismo propósito mil 100 “Bibliotecas Aula” con colecciones de 75 libros. Rincón de Cuentos. Es el programa que se realiza en las comunidades, donde se acondiciona una sala de lectura para que las niñas y los niños llegan a leer, a escuchar cuentos, a reír, a jugar y encontrarse con otros niños. No se hacen tareas, ni investigaciones escolares.
Ahí los niños llegan voluntariamente y los más lectores pertenecen a un club, que les da privilegios para prestar libros y llevarlos por más tiempo a su casa, también ayudan en mantener arreglado y limpio el “Rincón de Cuentos”.El Rincon de Cuentos funciona cuando las escuelas están cerradas, para que niños y niñas puedan asistir”.
Libros para Niños se desarrolla en otros países, en Centro América está en Honduras y en El Salvador. En Nicaragua su sede está en Jinotepe, donde puede llamar al teléfono: 041-21196 o escribir al correo electrónico: lpninos@ibw.com.ni

la Página Web de la Revista enlacae es:http://www.simas.org.ni/revistaenlace/. Visítenla les servirá de mucho.

VACACIONES Y EL PLAN LECTOR

14 enero 2010

En este lado de América del Sur, nuestros niños y niñas están de vacaciones; las escuelas están cerradas, las bibliotecas atienden con horarios normales y el mercado/comercio atiborra a los padres de familia con cursos, cursillos, jornadas, talleres que reciben mil y un nombre, tratando de atraer a estos nuevos “clientes”. ¿El Ministerio de Educación pone el mismo celo para velar por el contenido y el continente de estas “ofertas educativas”? Tan celoso guardián de las horas calendario que deben cumplir las escuelas tanto en inicial, primaria y secundaria, parece que por esta época también se fue de vacaciones y por ello no importa lo que se oferte, no importa que se de “gato por liebre”.
La Directiva 001-2010 – DIPECUD sin duda es un esfuerzo importante, al menos como norma, pero demasiado detallista como reflejo del tipo de gestión que tiene el Ministerio de Educación, que en lugar de descentralizar responsabilidades y desarrollar capacidades de los funcionarios, por el contrario los sujeta a coordinaciones, a jerarquías que consumen esfuerzos y destruyen la creatividad, la iniciativa. No es el caso de analizar específicamente dicha Directiva, sino hacer notar que nuevamente se le recarga al Director de la DRE, UGEL e Institución Educativa con esta responsabilidad.
El siguiente texto que compartimos, tiene por finalidad de aportar al conocimiento y reflexión de lo que debe tenerse en cuenta con relación al Plan Lector que se ha promocionado oficialmente, pero que poco articulado pareciera que está con lo que se demanda en comunicación integral en lo que respecta a comprensión lectora.
Esperemos que el texto sirva a los maestros y a los padres de familia y por qué no a los niños y adolescentes que ya están motivados por la lectura. Las conclusiones sáquelas cada uno. Sin duda les servirá.
La imaginación en la literatura infantil
Por Gianni Rodari
Este artículo fue publicado también por la revista Piedra Libre del CEDILIJ (Año 1, Nº 2; Córdoba, Argentina, septiembre de 1987)

Hay dos clases de niños que leen: los que lo hacen para la escuela, porque leer es su ejercicio, su deber, su trabajo (agradable o no, eso es igual); y los que leen para ellos mismos, por gusto, para satisfacer una necesidad personal de información (qué son las estrellas, cómo funcionan los grifos) o para poner en acción su imaginación. Para “jugar a”: sentirse un huérfano perdido en el bosque, pirata y aventurero, indio o cowboy, explorador o jefe de una banda. Para jugar con las palabras. Para nadar en el mar de las palabras según su capricho.

La literatura infantil, en sus inicios, sierva de la pedagogía y de la didáctica, se dirigía al niño escolar —que ya es un niño artificial—, de uniforme, mesurable según criterios meramente escolares basados en el rendimiento, en la conducta, en la capacidad de adecuarse al modelo escolar. Entre los siglos XVII y XVIII nacen las primeras escuelas populares, fruto último de las revoluciones democráticas y de la industrialización. Hacen falta libros para esas escuelas; libros para “los hijos del pueblo”. Les enseñarán las virtudes indispensables para las clases subordinadas; la obediencia, la laboriosidad, la frugalidad, el ahorro. La literatura infantil es uno de los vehículos de la ideología de las clases dominantes.

El niño-que-juega se defiende como puede de esa literatura edificante. Se encarama al estante del adulto y le roba las obras maestras de la imaginación, a las que en cierta manera consigue adecuar a sus propias exigencias: el Quijote, Robinson Crusoe, Gulliver, Orlando el Furioso. Se apodera de las fábulas populares que generaciones de folkloristas y de estudiosos de genio han ido transcribiendo de las tradiciones orales, sin sospechar, por lo menos inicialmente, que estaban regalando al incipiente niño lector patrimonios de fantasía. El niño recorta así, de los acontecimientos del mundo adulto, sus propios espacios, la expansión planetaria de la raza blanca, la conquista del oeste americano, la fundación de los imperios coloniales europeos en Africa y Asia, se convierten para él en materia prima de aventuras exóticas. No advierte que a través de esos libros pasa la ideología de la raza que se cree destinada al dominio del mundo, que los impregnan los enfrentamientos entre las potencias coloniales, que sostienen siglos de sufrimientos para millones de hombres; le es suficiente con identificar unos espacios elegidos por la fantasía, imaginarias patrias para su necesidad de obstáculos y de triunfos. En la escuela esos libros están, a menudo, prohibidos: eso los hace especialmente deseables.

Lo mismo le sucede a los escritores que ignoran o ponen entre paréntesis la pedagogía, que hacen suyo el lenguaje de las fábulas populares, que se ponen en “contacto directo” con la imaginación infantil: un Andersen, un Collodi o un Lewis Carroll; o a un escritor que eleva el lenguaje de la aventura al nivel de la poesía, multiplicando su fascinación: Robert Louis Stevenson. No trato de hacer la historia de la literatura infantil, sólo quiero señalar algunos puntos de referencia. Julio Verne, por ejemplo, en el que la ciencia por descubrir es la materia prima de aventura y poesía. Ninguno de esos escritores está exento de la ideología porque cada uno de ellos es hijo de su propio tiempo y nadie puede crecer, actuar, crear al margen de las corrientes de los grandes conflictos históricos y sociales. Sin embargo, en esos autores, la ideología entra como uno de los elementos constituyentes de su personalidad. No ocupa ni el primer lugar, ni el segundo, ni el tercero, en la imaginación, que juega libremente con sus propias visiones, con las palabras, con la memoria, con los datos de la experiencia. Permanece, como hecho principal, ese “contacto directo” con lo que hemos denominado “el niño-que-juega”.

El libro para el niño-que-juega

Justamente él, ese “niño-que-juega” es finalmente el verdadero vencedor, porque los libros nacidos para el “niño-alumno” no permanecen, no resisten el paso del tiempo, las transformaciones sociales, las modificaciones de la moral ni tan siquiera a las conquistas sucesivas de la pedagogía y de la psicología infantil. Los libros nacidos de la imaginación y para la imaginación, sin embargo, permanecen, y, a veces, hasta incluso se hacen más grandes con el tiempo. Se tornan en “clásicos”.

El niño, durante su crecimiento, atraviesa una fase en la que los objetos le sirven sobre todo como símbolos. Es la fase en la que se instituyen las funciones simbólicas del lenguaje y del juego para convertirse en componentes de la personalidad. A esta fase, a tales funciones, es a lo que se liga el trabajo del escritor para niños. Sustancialmente construye objetos para el juego; es decir, juguetes; hechos de palabras, de imágenes, también de madera y plástico, pero son juguetes. Tienen la eternidad de la pelota y de la muñeca. He citado esos dos juguetes, tan antiguos y aún hoy tan extendidos, aunque sé muy bien que se han prestado y se prestan a manipulaciones que van más allá del juego.

La pelota se ha convertido en pelota “de fútbol” y a su alrededor ha nacido un mundo de pasiones, de intereses (incluso sucios), de corrupción y de masificación. Pero no es culpa de la pelota, como tampoco es culpa del uranio si con él se construyen bombas atómicas. La muñeca ha servido y sirve aún para la preparación de las niñas, es decir, de las mujeres, para los roles subalternos: madres, esposa, criatura inferior. Pero no es culpa de la muñeca en sí misma, que tiene, por el contrario, sus parientes más próximos en el mundo de los títeres, de los polichinelas, de los muñecos, objetos que sirven a los niños para representar y conocerse a sí mismos, sus conflictos, sus relaciones en el mundo.

Definir el libro como “un juguete” no significa en absoluto faltarle el respeto, sino sacarlo de la biblioteca para lanzarlo en medio de la vida, para que sea un objeto de vida, un instrumento de vida. Ni tan sólo significa fijarle unos límites. El mundo de los juguetes no tiene límites, en él se refleja y se interfiere el mundo entero de los adultos, con su realidad cambiante. Hasta figuran los tanques, por desgracia…

Mucho se ha escrito sobre la importancia del juego en la formación humana. Pero quizás no creemos en aquello que escribimos y decimos, porque en la realidad cotidiana el juego y los juguetes aún son considerados como parte de lo que es superfluo y no como elementos de lo que es necesario: así se comportan, en la práctica, arquitectos y urbanistas, pero también la escuela, en la que para el juego existe la “hora de recreo”, bien diferente de la hora de “clase”, es decir de las “cosas serias”. Es una equivocación. En la escuela tendría que haber una “ludoteca”, como existe una biblioteca. El juego es tan importante como la historia o la matemática (las matemáticas juegan con los números; basta dar una ojeada a las revistas de matemáticas para descubrir los juegos que se inventan para la calculadora electrónica…).
Imaginación-juego-libro

Para una literatura infantil que no caiga sobre los niños como un peso externo o como una tarea aburrida, sino que salga de ellos, viva con ellos, para ayudarlos a crecer y a vivir más arriba, tendríamos que conseguir relacionar íntimamente estos tres sustantivos: imaginación-juego-libro.

El papel de la imaginación

Para ello es indispensable una valoración distinta de la imaginación. Es imprescindible, en primer lugar, rechazar esa tradicional oposición entre fantasía y realidad, en la que realidad significa lo que existe y fantasía aquello que no existe. Esa oposición no tiene sentido. ¿No existen acaso los sueños? ¿No existen los sentimientos por el hecho de no tener cuerpo? ¿De dónde sacaría la fantasía los materiales para sus construcciones si no los tomara, como de hecho hace, de los datos de la experiencia, ya que no entran en la mente más datos que los de la experiencia?

La fantasía es un instrumento para conocer la realidad (Hago servir indistintamente como sinónimos las palabras “fantasía” e “imaginación”, porque ya están lejos aquellos tiempos en que los filósofos, teorizando a posteriori sobre la división del trabajo, los distinguían, para luego adjudicar la “fantasía” creadora a los artistas y la “imaginación” práctica a los trabajadores manuales). Otros instrumentos son los sentidos. Otros, el pensamiento crítico, la ciencia, etc. La mano tiene cinco dedos: ¿por qué la mente sólo ha de tener uno? Por el contrario, tiene muchísimos.

Nadie puede prescindir de la fantasía, ni el científico ni el historiador. Recientes investigaciones han puesto en evidencia importantes homologías entre los procesos de creación artística y los de la creación científica.

Apoderarse de las palabras

Jugar con las palabras y la imágenes no es la única manera que los niños tienen para aproximarse a la realidad, pero ésta no significa ninguna pérdida de tiempo. Significa apoderarse de las palabras y de las cosas. Por eso sostengo que el libro-juguete (las fábulas, las aventuras, la poesía en la que la lengua juega consigo misma) ha de tener un lugar duradero en la literatura infantil, junto a otros libros que actúan sobre otros componentes de la personalidad infantil, abriendo otros caminos en el itinerario que tiene un extremo en el niño y otro en la realidad. Hasta esos otros libros, para dirigirse a los niños, no podrán olvidar el lenguaje de la imaginación: su autor deberá sentir sus vivencias en la imaginación si quiere que el mensaje llegue a su destinatario.

A veces discuto con amigos míos que defienden que una literatura para niños, moderna y progresista, debería estar basada exclusivamente en el conocimiento racional del mundo, en su representación racional, en la representación de todas las realidades, incluso de aquellas que nunca han sido presentadas o reveladas a los niños, y también las que han sido escondidas tras o bajo realidades aparentes o falsificadas. En esta tesis creo ver una exigencia justa defendida equivocadamente. En primer lugar, porque incluso para mostrar la realidad escondida por las apariencias, es indispensable el recurso a la imaginación. Ejemplo simple, banal, casi brutal: hasta para comprender por qué sale agua al abrir el grifo, hace falta imaginación. En segundo lugar, porque una educación puramente racional nos volvería a producir un hombre amputado de algo esencial, aunque lo fuera de una manera diferente que antes. Para la formación de un hombre completo, de una mente abierta a todas las direcciones, incluida la del futuro, es indispensable una imaginación robusta.

Transformar la imaginación que consume en imaginación que crea

No se puede concebir una escuela basada en la actividad del niño, en su espíritu e investigación, en su creatividad, si no se coloca a la imaginación en el lugar que merece en la educación. Lo que implica que el educador animador cuenta entre sus tareas con la de estimular la imaginación de los niños, de liberarle de las cadenas que precozmente le crean los condicionamientos familiares y sociales, la de animarle a competir con ella misma, transformándose de imaginación que consume en imaginación que crea. Para esto también le serán útiles los libros. Claro está, para ir más allá. Y también para descubrir que más allá, hay otros libros en los que se conserva la memoria colectiva de la humanidad, el espesor de la historia humana, las reflexiones, los sufrimientos, las esperanzas de generaciones, los conocimientos, las técnicas y los proyectos para mejorar la vida. Ningún libro puede sustituir la experiencia, pero ninguna experiencia se basta a sí misma.

La ecuación elegida antes entre imaginación, juego y libro me parece adecuada hasta un punto determinado del crecimiento; después, si no se transforma, deja de ser útil. Hasta cierta edad, los niños necesitan juguetes. Después no necesitan ya el objeto-símbolo, el objeto mediador, sino la confrontación directa con el mundo. Son muchachos, ya no niños. ¿Dónde situar el límite entre esas dos edades? Es difícil decirlo. Puede cambiar de niño a niño e incluso, de país a país o de una época a otra. Tengo la impresión, por ejemplo, de que se está rebajando, bajo nuestra mirada, el listón que separa al muchacho del adulto, incluso el que separa al niño del muchacho. Pero esta es una asignatura en la que no se pueden concebir exámenes o diplomas. Adulto es quien elige serlo. Por eso creo que es conveniente dejar muy pronto libres a los chicos para que puedan buscar el libro que les conviene, en ese momento, para sus proyectos (no para los nuestros), para sus necesidades intelectuales o morales (no para las que nosotros imaginamos); y que se lo busquen libremente sin interponer barreras entre ellos y los libros de todas las literaturas. Ayudémoslos a apropiarse del mundo, de la cultura, de la poesía, a hacer pasos bien largos cuando sientan que deben hacerlos.

Será importante que ante la estantería de los adultos, sepan buscar no sólo informaciones sino también espacios para su imaginación. Bien está que lean ensayos sobre la sociedad, la historia, la política o la sexualidad… Pero habrá sido insuficiente para su educación si no buscan también libros de poetas y de novelistas, de escritores que han indagado acerca de la más delicada de las materias: el hombre, sus sentimientos, su personal manera de reflejar, sufrir o combatir la realidad. Durante mucho tiempo Cervantes, Tolstoi, Kafka, continuarán diciéndonos sobre el hombre, cosas que la sociología y la psicología científica no nos pueden decir. Durante mucho tiempo los poetas nos dirán cosas sobre la lengua y sus posibilidades de expresión, de comunicación y de creación, cosas que no podemos pedir a los lingüistas.

¿Diversos “géneros” de libros para niños?

Un libro para niños se puede considerar como logrado cuando interesa a los niños y estimula y compromete sus energías morales, toda su personalidad, al igual que hace un buen juguete. Esto quiere decir que el libro ha de responder a cualquier pregunta fundamental, a cualquier necesidad real de los niños, ha de ser, en cierta manera, un instrumento de su crecimiento. ¿De qué manera? No hay que olvidar que un niño no es una flecha que va en una sola dirección, sino muchas flechas que simultáneamente van en muchas direcciones. Es un centro de actividades y de relaciones. Es una mano que juega, una mente que absorbe, un ojo que juzga. No le llega un tipo único de estímulos, sino que le impactan de mil clases. El crecimiento es una investigación para la que tiene necesidad de una gran variedad de materiales y, por lo tanto, de libros diversos que constituyen a la vez algo semejante a una “biblioteca de trabajo”, un campo de juego, un gran espacio abierto, que pueda gestionar libremente y que está a su servicio en distintos momentos. Libros al servicio de los niños, no niños al servicio de los libros. Libros para niños productores de cultura y de valores, no para niños consumidores pasivos de valores y de cultura producidos y dictados por otro.

En esta visión no se plantea el problema de los “géneros”, no hay jerarquías a respetar, ni oposición entre libros de ficción y libros que dan informaciones sobre el mundo físico o el mundo humano, o sobre la relación entre ambos mundos. Una historia fantástica ofrece ciertos estímulos y da ciertas informaciones. Un libro sobre animales o sobre las máquinas da otros estímulos e informaciones. Todo es a la vez alimento para la misma imaginación, son “materia primera” para la formación de la misma mente, capaz de juicio crítico.

Adulto es quien elige serlo

Es obvio que no basta con un solo tipo de “escritor para niños” deben darse tipos diferentes, capaces de ponerse en relación directa con la fantasía infantil en cualquiera de los senderos que ésta recorre para encontrarse con la realidad en uno u otro de los diversos planos de la mente. Mientras va creciendo, el niño conoce adultos diferentes y, cada uno de ellos, le puede interesar por un motivo particular y entrar en un sistema de relaciones que será más estimulante cuanto más rico sea. Un escritor le ayudará a descubrir la lengua, sus capacidades de sorpresa y de invención. Otro le ofrecerá instrumentos para descubrir las cosas y penetrar en su significado. Todos le son igualmente útiles, necesarios. De cualquiera de ellos tomará, de tanto en tanto, lo que precise en ese determinado momento. Y de eso sólo él es el árbitro y nadie más que él.

Para ser útil al niño lector, el adulto que escribe ha de seguir siendo él mismo. No se ha de fingir niño, pretender ver el mundo a través de ojos infantiles, hacer criaturadas o revivir su infancia. A los niños les gusta jugar con el adulto, que con su experiencia puede hacer más interesante el juego. En este sentido el adulto puede ser educador: nunca lo será por el programa o por estrategia pedagógica.

Claro es que el adulto, cuando acepta jugar con el niño ha de imponerse unos límites; si pelean, por ejemplo, no puede utilizar toda su fuerza, si construyen un castillo de arena en la playa no puede imponer su idea, sino que ha de ayudar al niño a concebir un proyecto más audaz o más grandioso. Igualmente, el que escribe para los niños acepta unos límites, escoge una clave y ha de utilizar esa clave; de su propia experiencia escogerá lo que no parezca a la experiencia infantil demasiado extraño o lejano. Si escribe sobre temas de ciencias, evitará el lenguaje familiar a los científicos, etc. Si escribe historias fantásticas deberá controlar su fantasía para que sus imágenes no resulten incomprensibles, como si fueran palabras desconocidas. Una vez encontrado el punto justo para el encuentro con el niño, seguirá siendo un adulto, se comprometerá completamente, dirá toda su verdad. Lo difícil es encontrar ese punto justo. Es el fruto del trabajo y de la experimentación más que de la intuición. Es necesario el contacto con niños, ellos que siempre son nuevos. Es precisa también una gran confianza en los niños, pues están siempre un paso más adelante del punto en el que creemos que han llegado.

Es éste un punto en el que querría insistir. Los niños no creen en un mundo separado del nuestro, en un ghetto o bajo una campana de cristal. Ven la televisión que nosotros vemos, están rodeados de una densa atmósfera de información que es la misma que los adultos respiramos. Los libros destinados a los niños deberían procurar no ser libros fuera del tiempo. No hay ni un solo problema del presente al que los niños no sean sensibles, aunque a veces parezcan distraídos. Los libros para los niños de nuestro siglo no pueden aparentar que el siglo no existe y que no transcurre, tumultuoso, a nuestro entorno. Un buen libro para los niños de hoy debe ser un libro que sintonice con el calendario y con sus problemas. Con los niños puede hablarse de todo, siempre que se les pida ayuda para hallar el lenguaje justo para hacerlo.

Contribuyendo con el Plan Lector

26 junio 2009

A pesar de las directivas proporcionadas por el Ministerio de Educación los maestros demandan escritos, notas, experiencias que les permita motivarlos en su afán innovador en el campo de la lectura.

En este espíritu deseo alcanzar en sucesivas entregas el material necesario que les permita reflexionar, que les permita contar con ideas, experiencias e iniciativas para elaborar sus unidades de aprendizaje. No es un material de mi autoría, pero sí de especialistas y de docentes que han reflexionado, escrito y desarrollado experiencias.

Las lecturas que comparto quieren tener el propósito de apoyarlos en esta tarea tan silenciosa, tan poco valorada, pero muy importante para los niños que conforman el aula que se les ha asignado en la escuela.

En esta entrega el énfasis se pone en lo que sería el por qué de la lectura, su importancia y por qué leer es más que decir palabras.

Espero que este material sirva a los docentes que con esfuerzo vienen desarrollando el Plan Lector. Periódicamente compartiré lo que voy encontrando sobre el tema y aquello que otros maestros publican.

Luis Miguel Saravia C.
Educador
Lima – Perú
Literatura infantil: Hábito de lectura, libros para niños
(Publicada en la página web: http://www.educacioninfantil.com/displayarticle110.html)

Es en la infancia preescolar cuando se forman las actitudes fundamentales ante el libro

De la lectura proviene algo sobre lo cual no consigo tener ningún poder. Podría decir que ese es el límite que el más omnipresente de los vigilantes no consigue en absoluto traspasar. Podemos impedir que se lea: pero en el decreto mismo que prohibe la lectura, es posible leer algo de esa verdad que quisiéramos no fuese jamás leída… (Sí un viajero en una noche de invierno – Italo Calvino. Río de Janeiro, Nova Fronteira, 1982).

La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra (…). La vieja casa, sus cuartos, su corredor, su sótano, su terraza, el sitio de la huerta materna, el amplio patio en el que se encontraba, todo eso fue mi primer mundo. En él comencé a gatear, a balbucear, aprendí a ponerme de pie, a caminar, a hablar. En verdad, aquel mundo especial se daba a mí como el mundo de mi actividad perceptiva, por eso mismo como el mundo de mis primeras lecturas. Los textos, las palabras, las letras de aquel contexto… Se encarnaban en una serie de cosas, de objetos, de señales, cuya comprensión iba aprendiendo en mi trato con ellas, en mis relaciones con mis hermanos mayores y con mis padres. (…). El desciframiento de la palabra fluía naturalmente de la lectura del mundo particular (…).

Fui alfabetizado en el suelo del patio de mi casa, a la sombra de los árboles de mango, con palabras de mi mundo y no del mundo adulto de mis padres. El suelo fue mi primer tablero; y pedacitos de madera mi primera tiza.

Paulo Freire, La importancia del acto de leer.

Como dice magistralmente Paulo Freire, la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra. De ahí, incluso su gran descubrimiento de hace más de 20 años -el famoso método de alfabetización- que partía del mundo real del alfabetizando (de la investigación del universo vocabular hasta la formación de las palabras-clave: ladrillo, pared). De la realidad cotidiana del dicente nacía, naturalmente, el conocimiento del mundo de las palabras y de las frases escritas: el conocimiento del código. Otras experiencias fueron realizándose en Brasil y en el mundo, y merece citarse en especial el de María Favela de Antonio Leal, libro nacido de la experiencia de alfabetización en las chavolas Rocinha, en Río de Janeiro.

En la revista: Lectura, teoría y práctica. No. O, Moacir Gadotti, en su artículo titulado:
¿Qué es leer? busca definiciones elementales sacadas de buenos diccionarios.

Leer es ver lo que está escrito, interpretar por medio de la lectura, descifrar, comprender lo que está escondido en una señal exterior, descubrir, tomar conocimiento del contenido de un texto por la lectura.

Y continúa: todas esas definiciones, finalmente, implican la existencia de un lector, de un código y de un autor. Por medio del código linguístico, el autor se comunica, en cualquier tiempo y espacio (inclusive vía traductor, decimos nosotros), con el lector. Ese código es normalmente representado por el texto. Por eso, para saber lo que es leer, tengo que saber, antes que todo, lo que es un texto y lo que es comprender un texto.

También nosotros fuimos a consultar un buen diccionario. Texto viene del latín textus que significa tejido, trama, encadenamiento de una narración, etc. De Tejer, textere. Un texto es por tanto algo acabado, una obra tejida, un complejo armonioso. Esa es la primera connotación de lo que es texto, que implica… su autonomía.

En la misma publicación, Olga Molina, en su artículo Lectura: será posible (y necesaria) una definición?, Nos dice que la lectura puede ser mejor categorizada como compuesta de un número de dominios de comportamiento diferentes pero relacionados, que varían desde aquellos que son prontamente observables (atención, fijación de los ojos) a aquellos que no son observables, y, por tanto necesariamente inferidos. Incluidas entre las últimas se encuentran actividades como la traducción de símbolos expresados en representaciones cognitivas, comprensión y habilidades de inferencia.

En relación con el material de lectura, deben considerarse algunos aspectos básicos, cuando se intenta explicar la lectura. Como resultado de una interacción lector-texto. Entre los aspectos señalados por Olga Molina, están la legibilidad del material y la inteligibilidad del texto.

Ezequiel T. da Silva, en su libro El acto de leer, fundamentos sicólogos para una nueva pedagogía de la lectura, señala nueve componentes para la comprensión: 1) conocimiento de las palabras; 2) raciocinio en la lectura (inclusive capacidad para inferir significados y para relacionar varias proposiciones); 3 capacidad para focalizar la atención en proposiciones explícitas del autor; 4) capacidad para identificar la intención del autor, sus propósitos y sus puntos de vista; S) capacidad para derivar significados nuevos a partir del contexto; 6) capacidad para: identificar proposiciones detalladas en un párrafo; 7) capacidad para seguir la organización de un trozo e identificar los antecedentes que se refieran a él; 8) conocimiento específico de los recursos literarios; 9) capacidad para seleccionar la idea principal de un trozo.

Muy bien. Todo eso es leer. Pero ¿qué es hábito? Fuimos. Nuevamente al diccionario, para anotar que hábito es disposición duradera, adquirida por la repetición frecuente de un acto uso, costumbre: sólo la educación puede formar buenos hábitos. Dos palabras saltan inmediatamente a la vista: duradera y adquirida. No se puede, por lo tanto, llamar hábito de lectura a un ligero coqueteo con éste o aquel libro. De la misma forma, se puede concluir que no se nace con un gene de la lectura.

Se puede, incluso, hacer un paralelo entre dos hábitos fundamentales: el hábito alimenticio y el hábito de lectura. F niño comerá lo que su familia o su grupo social. Esto es verdad incluso en nuestro permanentemente mal nutrido tercer mundo. Un niño con hambre llega a rechazar un alimento que no hace parte de su hábito.

El hábito se forma temprano, muy temprano. Y el examen del contexto familiar común muestra que es muy difícil la formación del hábito de leer.

La lectura es un dato cultural: el hombre podría vivir sin ella y, durante siglos fue eso lo que aconteció. Sin duda, después de que los sonidos fueron transformados en signos gráficos, la humanidad se enriqueció. Surgió la posibilidad de guardar el conocimiento adquirido y de transmitirlo a las nuevas generaciones. Así, se hizo cada vez más importante para el hombre saber leer. No solamente descifrar un código escrito, sino, a partir de él, discutiéndolo, rechazándolo o aceptándolo, construir un pensamiento propio.

Por eso decimos que leer, en el sentido profundo del término es el resultado de una tensión entre el lector y texto, esto es, un esfuerzo de comunicación entre el escritor que elaboró, escribió y publicó su pensamiento y el lector que se interesó, compró o ganó, hojeó o leyó el texto. Por ello, también la lectura es una actividad individual y solo la lectura directa, sin intermediarios, es lectura verdadera: la lectura silenciosa, que moviliza toda la capacidad de una persona, es una actividad casi tan creadora como la de escribir.

Como no se trata de un acto instintivo, sino por el contrario, de un hábito, que debe ser gradualmente adquirido, es preciso que desde el comienzo se dé al aprendiz de la lectura el objeto para leer (libro, revista o periódico), respetando su nivel de aprendizaje. De ahí la división que se acostumbra en franjas de interés o de edad, pero que es nada más una indicación para esas diferentes etapas de la lenta marcha hasta el dominio total de la lectura.

Por todo eso, existe una producción específica destinada a niños y jóvenes, que lleva el nombre de literatura infantil y juvenil.

Podría ahora surgir la pregunta: ¿por qué literatura? ¿Por qué al pensar en lectura hablamos de libros de ficción, esto es libros que cuentan historias, y no de cartillas o de manuales? Creemos que la lectura de ficción, que supone el uso anterior de la cartilla, es la indicada cuando se trata de la creación del hábito de lectura, debido al interés inmediato que suscita.

Hablando directamente a la imaginación y a la sensibilidad, el texto literario, sin compromiso con la realidad, pero refiriéndose continuamente a ella, puede por su fuerza creadora, llevar a la comunicación lector-texto que caracteriza el acto de leer.

En el mundo maravilloso de la ficción, el niño encuentra, además de diversión, algunos de los problemas sicológicos que lo afligen resueltos satisfactoriamente, percibe en cada narración formas de comportamiento social que puede aprender y usar en el proceso de crecimiento en que se encuentra, informaciones sobre la vida de las personas en lugares distantes, descubriendo que existen formas de vivir diferentes de la suya.

Existen investigaciones para demostrar que las historias favoritas de los niños de diferentes edades reflejan sus conflictos emocionales y fantasías particulares, experimentados en diversos momentos de sus vidas. Leyendo, los niños se identifican con éste o aquel personaje en una situación semejante a alguna ya vivida y eso puede ayudarles a resolver sus problemas.

La literatura da una visión de conjunto. Ella satisface la curiosidad infantil en diversos campos, y, de esta manera puede reunir muchas de las disciplinas que constituyen el campo de aprendizaje. La obra literaria no tiene que ser obligatoriamente didáctica, pero el trabajo escolar puede y debe utilizar los libros de ficción para complementar, introducir o profundizar conceptos de lenguaje, estudios sociales, ciencias y matemática.

Si la lectura debe llegar a ser un hábito, debería ser también fuente de placer y nunca una actividad obligatoria, cercada de amenazas y castigos y enfrentada como una imposición del mundo adulto. Para llegar a ser lector es preciso gustar de leer, gustar la lectura.

Si ha de ser un hábito, la lectura debe comenzar a ser sugerida lo más pronto posible en el proceso de formación del individuo. Por ello, en casa, en la familia, los padres son los primeros motivadores del niño: el adulto que carga a un niño y lo arrulla con aquellas canciones tradicionales, que juega con el bebé utilizando las historias, adivinanzas, rimas y expresiones de nuestro folclore, que hojea una revista o un libro buscando las figuras conocidas y pregunta el nombre de ellas, está colaborando, -y mucho!- a la formación de una actividad positiva ante la lectura.

Los padres que leen, aquellos que ya tienen ellos mismos el hábito de la lectura desarrollado, pueden estar tranquilos en cuanto al hecho de que sus hijos serán también buenos lectores. Sabemos, sin embargo, que en nuestro país ellos son minoría. Por motivos diversos, principalmente de orden económico-social, la mayoría de nuestra población no lee. Así, la escuela se convierte en el lugar posible, aunque no el ideal, dado su carácter obligatorio, donde puede inculcarse al niño o al joven el hábito de leer.

La mejor manera en que los padres pueden ayudar a sus niños a ser buenos lectores, es que los padres les lean a sus niños, aunque ellos sean muy pequeños. Cuando los adultos leen en voz alta, los niños aprenden rápidamente que un libro es una maravilla.

Los padres pueden empezar a leerle a su niños inmediatamente después de que nazcan. Aunque los niños no entenderán completamente una historia o un poema, ellos disfrutarán simplemente escuchando la voz de sus padres.

Los padres desearán darle a sus niños pequeños libros ilustrados, libros con rimas y palabras simples. Los niños de edad preescolar disfrutan libros que contienen historias cortas, al mismo tiempo que contienen información sobre el mundo que les rodea.

Leer es más que decir palabras. Es una actividad compartida entre niños y adultos dedicados. Los niños pueden aprender muchísimo sobre el lenguaje al escuchar a sus padres y abuelos, por eso es importante la lectura en voz alta. Los niños se benefician más cuando sus padres hacen lo siguiente:

Demuestran entusiasmo al leerles.
Dan la oportunidad de ver las fotos o figuras y animan a buscar algunos objetos que están dentro de ellas.
Discuten las historias con los niños.
Ayudan a los niños a identificar letras y palabras.
Usan el dedo índice debajo de las palabras para que los niños puedan seguir la historia al mismo tiempo. hablan acerca de los significados de las palabras.
Contestan preguntas que los niños hacen en los momentos de la lectura.
Vuelven a leer los libros favoritos en otras oportunidades.
Comparan experiencias ilustradas en los libros con experiencias reales de los niños.
Hacen preguntas a los niños, relacionadas con el libro después que se ha leído.
Fomentan que los niños inventen sus propias historias. Los padres pueden escribir lo que los niños dicen y luego les leen lo que ellos dijeron.

Ayude a los niños a crear sus propios libros, usando sus propias historias, cortando fotos de revistas, fotos de la familia, o simplemente los mismos trabajos de arte que ellos hacen.

Es importante que los padres mantengan libros en la casa para que los niños puedan elegir sus libros favoritos. Los padres deben fijar una hora para leer antes de ir a la cama.

Los niños también tomarán una imagen positiva si ven que sus padres están leyendo, o haciendo lo mismo, con mucho entusiasmo. Cuando los padres llevan libros de la librería para ellos y sus niños, es una muestra de que la lectura es muy importante.