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El Trabajo con los géneros literarios

11 abril 2013

Publicado en la revista Zona Educativa, Agosto 1998. Ministerio de Cultura y Educación de la Nación. Argentina.

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Difícilmente un joven de doce o trece años pueda involucrarse comprometida y placenteramente con la literatura como discurso polisémico por excelencia si no ha tenido este tipo de experiencias desde temprana edad.
Establecer el “pacto ficcional”, es decir entrar en el juego de la verosimilitud, hacer “como sí”, por ejemplo cuando se lee un cuento fantástico, no es algo innato y natural. Proponer a los niños la lectura de distintos géneros literarios desarrolla esta capacidad de acceder al lenguaje simbólico y poético como la expresión más elaborada e inteligente del lenguaje humano. Se abordarán en una primera instancia los géneros poéticos y teatral, dejando el narrativo –más familiar para los docentes- para una próxima entrega.
La poesía
La poesía no alude más que a sí misma; es una forma de sensibilidad. La función primordial de la poesía en el nivel inicial es proporcionar placer, alegría, hacer música con la palabra. La poesía primitiva está siempre llena de sonsonetes, de estribillos, de onomatopeyas, de sinsentidos. No es necesario “comprender” la poesía en el sentido canónico del término, sino que alcanza con disfrutarla. Los sonsonetes tradicionales, el repertorio de refranes y las cantinelas folklóricas siguen teniendo vigencia y un sentido cultural y estético profundo que el nivel inicial debe preservar.
Es recomendable en la selección de poemas la intervención de criterios estéticos que eviten esa poesía improvisada, abarrotada de diminutivos y de rimas forzadas hechas con formas verbales en infinitivo. Debe rescatarse el repertorio del folklore y de la obra de auténticos poetas, aún a través de poemas que no hayan sido escritos especialmente para niños. La poesía para niños pertenece más al reino de la imaginación que al de la didáctica.
Teatro de títeres
El teatro de títeres siempre ha estado ligado a la cultura popular y clásica de los individuos. Teatro de acción dramática: el muñeco tiene que actuar; debe dejar de ser un muñeco para convertirse en personaje. Cuando se opera la metamorfosis de muñeco-actor en personaje., es cuando el titiritero establece el diálogo con el público y por lo tanto establece la comunicación entre el autor y el público como valor esencial del teatro. Hay un circuito completo de comunicación que va del texto, al niño actor –títere- al personaje, al espectador.
La decisión de representar una obra de títeres en el nivel inicial implica que todo un conjunto de voluntades se ha dispuesto para el trabajo en equipo. Primero, buscar en la biblioteca las obras de títeres que haya, leerlas, seleccionar la que más guste al grupo y la que se adapte a las posibilidades de realización. Una buena lectura del maestro facilita a los niños la comprensión, les da pistas acerca de las características de los personajes que luego tendrán que interpretar, les acerca la intención del sentido dramático.
El teatro de títeres es un espectáculo audiovisual, por lo tanto debe oírse bien. Hay intentos de los niños para lograr la voz apropiada al personaje al que debe representarse. Se seleccionan las voces. Se distribuye el reparto. Se fabrica un tablado, sino lo hay. Se decide si se usarán marionetas o títeres. Se ensaya. Los niños que hacen de actores imitan, desfiguran e inventan voces de acuerdo con el personaje elegido. Exploran tonalidades agudas, graves, entonaciones según el carácter y las intenciones del personaje.
Desde el punto de vista espacial, la representación de una obra de títeres exige a los niños ensayos para lograr la coordinación de los movimientos.
Un proyecto escolar para la representación de una obra de títeres permite planificar sistemáticamente y contextualizar en actividades significativas contenidos de todos los bloques de los CBC de Lengua. Éstos tienden al desarrollo de la oralidad de los niños , favorecen la escucha atenta, dan modelos de lengua escrita. El teatro es una forma visual de la narración que presenta conflictos humanos y formas de resolverlos.
“La poesía para
niños pertenece más
al reino de la
imaginación que al
de la didáctica.”

Las adivinanzas
Las adivinanzas, dice Gianni Rodari gustan a los chicos porque “…a golpe de vista representan de forma concentrada, casi emblemática, su experiencia de conquista de la realidad… es decir, contienen de algún modo, todo aquello del mundo que todavía resulta misterioso a sus ojos y hay que descifrar dándole vuelta con preguntas directas o indirectas…”

“El proceso similar ocurre con la falsas adivinanzas, aquellas que de una forma u otra contienen la respuesta, ya que además de divertirlos, les proveen un camino para estar atentos a la trampa y descubrir la respuesta. Se trata de un ejercicio educativo, porque para encontrar la respuesta justa –muchas veces en la vida- es necesario saber escapar de las falsas alternativas…” concluye Rodari.

Desde el punto de vista de la enseñanza de la lengua, las adivinanzas contextualizan desafíos de comprensión oral y escrita. Con respecto a la alfabetización inicial, las adivinanzas permiten el acercamiento a textos cortos pero completos y, aunque los niños no puedan escribir toda la adivinanza, sí pueden ilustrarla y hacer el ejercicio de escribir la palabra que corresponde a la respuesta. Estarán escribiendo palabras, aprendiendo grafías, pero no sueltas, sino insertas en una unidad de sentido mayor como es todo el texto.

TEXTO E IMAGEN EN EL LIBRO INFANTIL
El libro infantil recreativo es un objeto literario cargado de sentidos placenteros para el niño. Es una unidad compuesta por dos lenguajes: el escrito y el plástico, el de las ilustraciones. La ilustración como lenguaje tiene que motivar al niño a participar y recrear el mensaje visual integrándolo al texto en un acto de descubrimiento y goce estético. El lenguaje de la ilustración tiene que decirle algo más de lo que ya está dicho en el texto. El niño actúa sobre la ilustración de manera integral. Lleva adelante la acción principal, cuando se identifica con el personaje, héroe o antihéroe, convirtiéndose en protagonista. Además aprehende ese espacio, ese tiempo, esas formas y colores cuando explora y dramatiza la historia, a veces en voz alta, a veces en silencio, en una actitud de lector comprometido.
Un niño que ha sido estimulado con buenas ilustraciones, difícilmente se conformará con mirar imágenes. Pretenderá siempre conocer algo más. Pedirá que le lean. Las ilustraciones dentro del libro tienen poder para satisfacer esa necesidad cuando actúan concertadamente con el texto escrito y se proyectan fuera de él. El niño es capaz de interrogarse, de confrontar y sintetizar ese universo que el libro como totalidad le plantea.

JAVIER Y TEODORO

10 junio 2012

1. DOS NOMBRES Y DESTINOS DISTINTOS. Que la neblina y otoño de este mayo de Lima, no nos haga olvidar estos nombres. Son peruanos que ya no están con nosotros por diversos motivos. Uno ofrendando su vida por sus ideales juveniles expresado en sus versos y decisiones y otro marchitado por una enfermedad, pero con una fuerza telúrica grandiosa que refuerza nuestra identidad, rescata desde su visión profesional lo que somos y fuimos. Ahí están sus murales, sus retratos.

Javier o Teodoro, Teodoro o Javier dos nombres que los estudiantes peruanos y a todos los ciudadanos no debemos olvidar. Al nombre de Javier si acompañamos con Heraud Pérez, lo reconocemos. Algo oímos de él. De Teodoro Núñez Ureta, de repente muy poco, casi no lo conocemos. Uno poeta y el otro muralista. Uno estudiante consecuente con sus ideas y el otro artista autodidacta que encontró en el retrato y en el mural una forma de expresarse.

Llama la atención que este pasado 15 de mayo pocos se acordaron de Javier Heraud. Tal vez un círculo muy cercano se acuerda del poema El Río y cómo en los 70 y 80 fue marcando a muchos jóvenes que aprendieron a valorar el cultivo de la poesía en medio del tráfago de la vida de Lima de los 60. A Teodoro Núñez Ureta, de repente muy pocos lo conozcan, si no por algunas obras aparecidas en diarios o revistas de la época. En todo su trabajo puso la fuerza telúrica. Ambos nos legaron además de sus ideas su amor por el Perú.

2. TALENTO Y TALANTE, de estos compatriotas debe trascender las generaciones. Para eso no debe olvidárseles ni en la escuela ni en la sociedad. Lamentablemente conforme pasa el tiempo pareciera que así será sin dejamos que la memoria se borre y no valore a quienes de diferentes formas aportaron al pensamiento y conocimiento del país.

Javier murió hace 48 años, “entre pájaros, y árboles” allá en la lejana Madre de Dios. Su amor por el Perú lo llevó a inmolarse en lo que creyó que era la única manera de liberarlo. Sin duda ello lo refleja en párrafos de la última carta dirigida a su madre “… Voy a la guerra por la alegría, por mi patria, por el amor que te tengo, por todo en fin. No me guardes rencor si algo me pasa. Yo hubiese querido vivir para agradecerte lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin servir a mi pueblo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, y tú me criaste honrado y justo, amante de la verdad, de la justicia. Porque sé que mi patria cambiará, sé que tú también te hallarás dichosa y feliz, en compañía de mi padre amado y de mis hermanos. Y que mi vacío se llenará pronto con la alegría y la esperanza de la patria.” Sinceridad y ternura. Convicción y compromiso. Análisis y percepción. Así fue Javier. Tierno y decidido. Querendón e impulsivo. Pensamiento y acción.

Conocí de vista a Javier en el patio de Letras de la Católica. Siempre que ingresaba, como imán atraía su porte, su mirada, su conversación, sus palabras. Siempre se le rodeaba pues tenía una palabra, un mensaje, un consejo. Siempre de prisa y a tranco largo por la Calle Amargura -Jirón Camaná-, iba a Riva Agüero, de ahí a San Marcos en el Parque Universitario. Un halo dejaba y ya era leyenda cuando entre runrunes se comentaba que estaba terminando sus poemas, que era el poeta joven de mucha proyección. Parco en palabras pero de mirada afectuosa.

Cuando nos enteramos de su muerte y de la causa por la que se había entregado, pensamos entre amigos que había sido un ser coherente, transparente en su palabra, en sus actos. No le importaron los premios, el reconocimiento, había valores mayores por los cuales jugarse. Pocos lo entenderán, lo entendieron entonces. ¿Qué se podía esperar de un “loquito” guerrillero decían? Desde entonces cayó un manto de silencio sobre su imagen, sobre su obra poética, sobre su mensaje. El hecho de ser un contestatario del orden establecido lo hizo “peligroso y mal ejemplo” para la juventud. Una sociedad que margina la inteligencia, el arte, el conocimiento y no respeta las diferencias, no puede aspirar a grandes transformaciones.

Por ello hablar de Javier entonces, en reuniones, en cafés, en eventos, era un “sacrilegio” y por supuesto elemento pernicioso, peligroso, que podía atentar contra el orden constituido.

Vivimos otros tiempos y agrada ver que finalmente ese miedo de entonces hoy da paso a un recordatorio que vale la pena difundir. En la sala Luis Miró Quesada, al lado de la Municipalidad de Miraflores, se puede apreciar la muestra Yo no me río de la muerte que tiene por finalidad dar a conocer a las nuevas generaciones a uno de los poetas peruanos más emblemáticos del siglo XX. Esperemos que no sólo vayan personas mayores, que los jóvenes asistan con sus padres, con sus profesores. No es reivindicación a un nombre, menos a una hazaña. La historia de nuestra patria guarda ejemplo valioso de ciudadanos civiles que es necesario conocerlos y valorarlos.

Teodoro Núñez Ureta es el otro peruano que debemos recordar y rendirle homenaje. Dejemos que él mismo nos describa lo que fue y lo que pensaba. “He pintado desde niño, y porque siempre amé el espectáculo del mundo y los maravillosos matices de la condición humana, no creo en las especializaciones dentro del arte. Pintar es un acto de alegría, de fe, de fervor. De respeto, también, por todo Io que vive y rodea la vida. Por eso he pintado paisajes, marinas, flores, bodegones, retratos, composiciones, murales. Y he pasado del rápido apunte de un movimiento o de una expresión, a la meditada composición de un mural, con toda su carga poética y su heroica complejidad, levantada sobre una estructura matemática intransigente y solida. Y he trabajado en todas las técnicas y sobre todas las superficies utilizables. Y he pintado lugares tranquilos, acuarelas humorísticas y composiciones dramáticas y violentas. Siempre pinté el país; sin patrioterías, sin declamaciones, sin anteojos de turista: al país con su gente, su paisaje, su vida cotidiana. Con su miseria, su esperanza, su grandeza. Porqué no he creído jamás en un arte aislado de la realidad que le rodea y determina, ni en una pintura que pretenda ignorar al ser humano, que ha sido siempre, en todas las épocas y en todos los lugares, el impulso, el medio y el fin de todo arte universal. (http://www.teodoroperu.com/index.php?language=es).

Sin duda no sea muy conocido por todos pero Núñez Ureta fue un artista completo, pintor, acuarelista, caricaturista, poeta, muralista, autodidacta; sus enormes murales adornan la Municipalidad de Miraflores, el ex Ministerio de Economía y el ex Ministerio de Educación. Nunca olvidaré la impresión que tuve al ingresar al hall del Ministerio de Educación, aquel local de la avenida Abancay y Parque Universitario. Sentí, que como provinciano, encontraba una empatía en los personajes pintados, en el paisaje, en los símbolos, en los colores. Aquello debería reproducirse, difundirse, pues tenía un mensaje de identidad, de mostrar lo que somos a partir de la realidad que nos cobija, de la que nos sentimos orgullosos.

Me interesé por su biografía y poco se había escrito. Hoy sin embargo uno puede encontrar lo que escribió. Que fue arequipeño, que estudió letras para satisfacer a sus padres, que enseñó en la universidad y que también pintó y escribió.

Y no sólo en el dibujo y la pintura encontró una forma de expresarse, de hacernos pensar, reflexionar desde lo sencillo, lo cotidiano, a valorar al ser humano. “Siempre pinté el país; sin patrioterías, sin declamaciones, sin anteojos de turista: al país con su gente, su paisaje, su vida cotidiana. Con su miseria, su esperanza, su grandeza. Porqué no he creído jamás en un arte aislado de la realidad que le rodea y determina, ni en una pintura que pretenda ignorar al ser humano, que ha sido siempre, en todas las épocas y en todos los lugares, el impulso, el medio y el fin de todo arte universal. Está de moda, en ciertos círculos intelectuales, mirar por sobre el hombro todo lo que nos une al lugar en que vivimos y a la gente que vive con nosotros. Se dice en ellos, por ejemplo, que la pintura va en el Perú desde el “aldeanismo folklorizante”, desdeñable y anticuado, hasta el universalismo abstracto y subjetivo, otros, por el mismo camino, trazan una escala de valores estéticos que va de la mancha monocroma sobre un lienzo vacío, arriba, hasta la pintura fotográfica y pulida de una campesina tomando chicha, abajo.”

Este testimonio sale del genio que encierra Núñez cuando toma la pluma. La fuerza de sus dibujos, de sus acuarelas, de sus murales brotan de este genio poco conocido y que no es sólo patrimonio de Arequipa sino de todo el Perú. Dice Núñez Ureta refiriendo a sus obras. “Colores y tinta. Colores de la miseria y de la opulencia (los mismos colores), tinta inquisitiva, persiguiendo pasiones, expresiones, gastos, actitudes. En la cara de la genta se puede leer su historia. En las actitudes de los grupos humanos se puede leer la historia de sus pueblos. Historia verdadera sin fechas y sin héroes. Viviente historia que debiéramos llenar de alegría, da justicia, de dignidad humana.”

3. Final. Dos nombres que encierran su amor por el Perú. Distintas vertientes que confluyen en el arte de apreciar la realidad nacional y expresarla. Nuestros alumnos deben conocerlos, deben estudiar su obra para que reafirmen su identidad, los valores que cultivaron con tesón y humildad, Uno entregando su vida a los 21 años y otro viendo extinguirse su vida hasta expirar en 1988.

Dos vidas, dos ejemplos, dos generaciones unidas por su identidad, por sus valores, por la forma de interpretar la realidad nacional. “Luchar para construir un país unido y con justicia social” como decía Núñez y pensar el Perú como Javier “El valle de Tarma es grande. /Pero más grande es mi corazón/ cuando lo miro, /pero más amplio mi pecho cuando/aspiro aire, aire/ cielo y cóndor, / martes y jueves/ más grande que el/rio es el hombre/ más grande que el/ valle son los ojos/ de tantos caminantes/ de costado.”

Pocos valoran cuando el compromiso lleva al límite. Pocos reconocen que somos capaces de ser y hacer expresiones artísticas sin tratar de adocenarlas bajo el manto de corrientes y tendencias extranjeras. Demostrar que somos capaces de ser diferentes y aportar a la altura de los mejores, no debe ser una competencia, todo lo contrario es mostrar que es posible hacer la diferencia en medio de tanta estandarización y comercio. Tengámoslos siempre presentes.( 26.05.12)