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Cuando la enseñanza en valores y en la prevención cobran real sentido

16 abril 2014

LA CAPITAL, Rosario 10 de agosto de 2013-08-11

Por Marcela Isaías

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La tragedia ocurrida esta semana en Rosario deja una tarea inmediata para la educación, para sus escuelas: ¿qué implica el trabajo con el otro? ¿Cómo se educa en valores sin que estos sean una abstracción? ¿Qué hay que revisar en la enseñanza? Tres especialistas que trabajan en el campo de la educación ofrecen sus análisis: los psicólogos Juan Orts y Horacio Belgich, y el doctor en educación y profesor de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), José Tranier. La coincidencia que señalan pasa por la necesidad de pensar en una educación que vea al otro como un semejante, pero con acciones concretas, formando una suerte de «agentes multiplicadores de prevención», y con planes de estudio que no pasen por alto los procesos de expansión urbana.

Juan Orts es psicólogo y coordinador de los equipos de salud de Amsafé Provincial. El día de la explosión estaba en su consultorio, ubicado a una cuadra del desastre. «Vi a la gente ayudando, haciendo de todo, hasta cargando cuerpos. Vi a los chicos repartiendo agua, café a los bomberos. Todos valores que se han transmitido en las familias y en las escuelas», cuenta aún conmovido por lo que le tocó de cerca.

Considera que hoy sería clave promover «una jornada de reflexión en las escuelas, para hablar específicamente de lo que pasó». Dice que en ese espacio serían buenas puntas de trabajo «estos valores de solidaridad, de lo ético, de comprometerse, de apoyarse en lo positivo; pero también para reflexionar si estas desgracias, accidentes, son realmente eso o si necesitamos hacer una mirada crítica, porque pienso que esto era totalmente evitable».

Orts entiende que esta reflexión en un espacio particular «se debería hacer hoy y no dentro de tres meses, cuando se enfrió el hecho y el culpable termine siendo sólo el gasista». «Esa jornada —abunda— debe servir para que la escuela ayude a pensar preventivamente, haciendo hincapié en lo colectivo sobre lo individual», lo que implica además abordar otras lógicas que atiendan los procesos de expansión y el trabajo con el otro.

  1. José Tranier es profesor de la Facultad de Humanidades y Artes (UNR) y doctor en educación. También cuando ocurrió la explosión estaba trabajando en un colegio privado de la zona. «Se escuchó terriblemente, y generó mucha impotencia», es lo primero que menciona también impresionado por lo ocurrido.

«Hace poco vi morir a una persona en un gimnasio de un paro cardíaco, donde nadie sabía qué hacer. Sentí la imposibilidad, eso de saber que nunca nos han educado, ni en las instituciones públicas ni en el paso por otros lugares, sobre qué hacer», cuenta para advertir que este no es un dato menor y de alguna manera adelantar lo que entiende debe ser un cambio de mirada en cómo se trabajan, se enseñan las cuestiones de asistencia social en las aulas.

La invitación de Tranier es a pensar «cómo la escuela amplifica, afirma y asegura políticas de reconocimiento del otro en estas nuevas coyunturas». Precisa que esa lógica de siglos atrás y de la primera década del siglo XXI «de «asistencia al prójimo» o de «solidaridad», siempre tenían que ver acerca del interrogante ético del sujeto, ante algo «ya acontecido», como por ejemplo juntar ropa ante una inundación o comida ante una catástrofe. Y esto es, desde ya, muy válido».

Sin embargo, el profesor e investigador de la UNR analiza que «ahora, aquello que se juega, una vez más a partir de los múltiples cambios sociales de este siglo es «animarse» a socializar a los estudiantes en conocimientos que permitan la «intervención plena» (por más mínima que sea), más que de pos asistencia ante los desafortunados sucesos de la vida».

«Es ahí —sigue— donde la escuela tendría que preguntarse qué hace y cómo procede en la actualidad. Si hasta en las últimas noticias sabemos de «animalitos» que salvan vidas. Qué diferente sería si todos los graduados de escuelas públicas, privadas, universidades e institutos de nivel superior, contaran en su agenda y currícula obligatoria con conocimientos que permitan estar bien orientados en el espacio social, cuando las tragedias ocurran».

  1. De esa manera, Tranier proyecta la constitución «de una suerte de «agentes multiplicadores» de prevención e intervención, o «agentes primeros de salud» en momentos cruciales, en donde los segundos significan o más muertes o más vidas». Una formación que califica sustancial en espacios urbanos en constante expansión.

«Estoy a favor de las políticas de asistencia históricas de la escuela, pero me parece que la escuela ya no puede mirar «para siempre» al pasado, sino tener el coraje de escribir la historia del presente y del futuro».

Tranier pone como ejemplo concreto que se puedan socializar prácticas de reanimación, de rescate. Cita lo que ocurre en Japón, «donde cada chico sabe qué hacer si hay un terremoto. Nosotros vivimos en esa comodidad, en este milagro de la naturaleza que no nos tocan esas catástrofes frecuentes».

Ofrecer esta mínima capacitación, de qué hacer en estas situaciones de tragedias, de catástrofes, es después de todo «una educación encarnada en la ética y en el cuidado del otro».

¿Qué significa la formación del ciudadano que cuide al otro? «Así como se contó por los medios que se van a construir 11 torres más en Rosario eso también multiplica once veces más cualquier tipo de peligro. La escuela no puede estar ajena a estos procesos de expansión y por tanto de conciencia educativa. No hablo de planes, sino de conciencia».

El otro como un semejante

Horacio Belgich es un conocido psicólogo que trabaja en el campo educativo. Reconoce que ante tragedias como la que vive Rosario, el aprendizaje de normas y valores cobran otro sentido, en especial por las «muestras de solidaridad y compromiso» que aparecen aquí.

Entiende que son muchos los debates que se abren a partir de esta idea, pero se instala en su análisis en uno en particular. Invita aquí a preguntar «cómo surge el sujeto ético».

Adelanta entonces una definición que aparece en circunstancias trágicas como la que afecta a la ciudad: «Es, de alguna manera y si lo podemos definir, aquel que considera al otro como un semejante».

«Esto le pudo pasar a cualquiera, que estaba viviendo en ese lugar, que pasaba por allí. Entonces me parece interesante poder pensar desde esa perspectiva al sujeto ético, el que considera al otro un semejante. Y entre otras cosas, lo que aparece es mucha solidaridad».

Un dato que se condice con esta mirada es que al poco tiempo de convocar a la donación de sangre, ya no quedaban cupos. El psicólogo propone no dejar pasar por alto otra perspectiva que podría ser importante: trabajar sobre «la fragilidad de la vida», preguntarse quién está a salvo, y saber «que tener no da seguridad de seguir siendo».

Enseguida aparece en escena las reflexiones de la directora de la Escuela Nº 56 cercana a la tragedia. Y que contó para LaCapital que unos minutos antes de la explosión, un grupo de alumnos pasó a metros del lugar. Sobre eso se preguntaba «qué es la seguridad», porque «algunas barrios están afectados por los robos, otros por las balas, y en este caso por lo inesperado».

Para Belgich eso invita a contemplar «una concepción no sólo del autocuidado, sino de aprender a cuidar al otro», Y pensar, además, que esto tiene que ver con otras situaciones que también dañan el género humano, como los hechos de discriminación, de violencias. Entonces, reitera que «hay que trabajar en ver al otro como un semejante».

 

El terremoto y tsunami: enseñanzas y preocupaciones más allá de los simulacros

10 junio 2011

Un nuevo simulacro hubo el 31 de mayo pasado. Una manera de preparar sobre todo a los estudiantes que concurren a las escuelas públicas y privadas para que estén prevenidos si sucede un sismo o un tsunami. Sin duda es un esfuerzo de coordinación, de despliegue de determinado personal y de enseñar a los niños y jóvenes cómo debe ser el comportamiento en un evento de esta naturaleza.

Quisiera en esta oportunidad tratar sobre dos eventos sucedidos que deben ser tenidos en cuenta para preparar una política de prevención que le de sentido al simulacro que se torna mecánico en tanto y en cuanto no se asuma como responsabilidad y compromiso de toda la comunidad. A continuación van estas reflexiones que apuntan a sugerir que debe trabajarse en conocimientos y no sólo en rituales preventivos (desplazamientos, responsabilidades a cumplir, manejo de vendas, camillas, botiquines, etc.) que serían provechosos si en cada local escolar se contara con los equipos de prevención que se requieren.

Los simulacros que hemos visto en estos meses y en el último donde se apreció que los alumnos salían mecánicamente unos bajando escaleras y corriendo hacia el patio, con risas y sonrisas, como si se tratara de un divertimento, quitándole seriedad al acto en ejecución. Pocos profesores asumían la responsabilidad de liderar al grupo. No se trataba de “hacer el círculo” en el punto determinado sino en el cuidado que debe tenerse con el desplazamiento desde el aula, los pasadizos y escaleras de las instituciones educativas.

Lo que llama la atención es que los informes difundidos versen sobre cómo respondieron los alumnos de un colegio emblemático, ¿y las escuelitas del cercado, de los distritos, aquellas que están en casas con estrechos pasadizos, con escaleras deterioradas?. ¿Qué pasará en las instituciones educativas que funcionan en casas habitación con patios reducidos (zaguanes por lo general) escaleras estrechas, aulas precarias? ¿Y las instituciones educativas del interior del país?

El 21 de marzo pasado, en el diario El Comercio se publicaba lo siguiente.

“–Luego de los terremotos en Arequipa, Ica, Haití, Chile y Japón, ¿qué hemos aprendido?, preguntamos a Hernando Tavera, uno de los sismólogos más importantes del país e investigador del Instituto Geofísico del Perú (IGP).

–Nada, no hay una decisión seria del gobierno. Solo de vez en cuando se hacen simulacros, pero eso no basta para enfrentar un desastre, responde el científico.”

Por lo tanto no basta que se haga todo un show cada vez que se realiza un evento de esta naturaleza, pues debe estar considerado dentro de los PEI de cada institución educativa y el plan operativo de las municipalidades a nivel nacional. ¿Están previstos o debe esperarse que un viceministro iluminado haga un panegírico del simulacro y “obligue” a que sea incorporado en la prevención permanente que debe hacerse? ¿Por qué no se pone como parte de las actividades de la formación cívica?

Hacen ya cerca de tres meses que el mundo se conmovió por un terremoto de 9.0 y un tsunami, denominado por la Agencia Meteorológica del Japón como el terremoto de la costa Pacífico de la región de Tōhoku de 2011. El epicentro del terremoto se ubicó en el mar, frente a la costa de Honshu, 130 km al este de Sendai, en la prefectura de Miyagi, Japón. El terremoto duró aproximadamente 2 minutos según expertos.

De todo lo que acontece debemos aprender y no sólo admirar cómo el pueblo de esos lugares ha soportado los sucesos. Lo mostrado en el comportamiento del pueblo es digno de elogio, de reconocimiento. La calma y tranquilidad a pesar de las angustias vividas nos hablan de una civilidad probada y una observancia de normas y recomendaciones para esta situación. Orden, disciplina, protección en medio del caos, pero también desesperación por la seguridad personal y comunitaria.

¿Podríamos tener la misma reacción a pesar de los simulacros realizados y el pavoneo de las autoridades? Creo que nos falta y bastante para alcanzar ese comportamiento. Hemos visto en algunas escuelas donde no hay cámaras de TV ni autoridades cómo todo se toma a la chacota, sin la menor preocupación. ¿Por qué? Y en los simulacros que se realizan en la comunidad no se tiene claridad sobre los sitios de reunión, ni señales preventivas, ni grupos que lideren y conduzcan. Más allá del casco urbano de Lima y de las autoridades, el desorden es lamentable. ¿Quién garantiza las comunicaciones rápidas, la entrega de información dinámica y la organización de la evacuación? ¿Por qué se cree que sólo los militares pueden conducir la Defensa Civil? ¿Por qué no incorporar verdaderamente a las organizaciones sociales en esta actividad? El mensaje que envían no tiene fuerza, no transmite tranquilidad sino mandato, orden. Para transmitir un mensaje existen los comunicadores. No siempre quien tiene más galones significa que sabe comunicar. ¿Por qué se insiste en que estos personajes son los únicos que pueden dirigir los simulacros y comunicar los mensajes preventivos? Días previos a este último simulacro fue entrevistado un alto funcionario de Defensa Civil y la forma cómo se desempeñó en la entrevista –llena de términos técnicos y advertencias sacadas de un manual- fue bastante confuso. El entrevistador le sugirió que debería haber una jornada de información para los comunicadores sociales. La respuesta fue que no se daban abasto, que no tenían recursos, que acaban de dar un curso para los responsables a nivel regional, etc. ¿Acaso el estado no tiene la responsabilidad de prever los recursos que se necesitan para estas actividades de educación?

Volviendo al sismo de Japón, se dice hoy que además de la preparación que tienen los japoneses para estos eventos, también responden a una manera de ser propia de su cultura. Tienen un llamado ‘gaman’, la virtud japonesa de paciencia ante la adversidad, que los hace proceder como los vemos: ordenados, pacientes, solidarios ante la adversidad. ¿Y nosotros? ¿La resiliencia? Según Cedro es ese conjunto de atributos y habilidades innatas para afrontar adecuadamente situaciones adversas, como factores estresantes y situaciones riesgosas. ¿Se ha trabajado sobre estos atributos? ¿Se ha pensado que también sirve para estas situaciones? ¿Por qué insistir sólo en desplazamientos? ¿Y qué sucede con el ánimo de las personas?

Transcribo un párrafo del artículo de Beatriz Boza que sobre el tema publicó en un diario local. “Mientras nos educamos en ‘gaman’, la virtud japonesa de paciencia ante la adversidad, podemos comenzar por: Primero, fortalecer las estructuras de hospitales y colegios, pues son espacios claves inmediatamente después del terremoto. Necesitamos equipar nuestros hospitales, cierto, pero quizás tanto más importante resulta consolidar la infraestructura de los principales hospitales en el ámbito nacional y ello va a requerir de presupuesto. Segundo, reubicar ahora, en tiempos normales, a los pobladores que han edificado sus hogares en zonas de alto riesgo. Allí están los mapas de vulnerabilidad elaborados por Indeci que todo alcalde y vecino debería consultar. Ello también va a suponer recursos. Tercero, mejorar nuestros sistemas comunitarios de alerta temprana, prevención y alternativas de evacuación. Esto último requiere más bien de voluntad política, como lo demuestran exitosas experiencias en Lambayeque y La Punta. El Gobierno Regional de Lambayeque lideró un proceso participativo de organización de la población ante desastres, e identificó en sus 38 distritos los peligros, vulnerabilidad y principales capacidades locales. En La Punta, el municipio lideró un plan de evacuación de veinte minutos coordinado con las principales empresas para poder usar los techos de las plataformas como zonas de seguridad. Debemos repetir estas buenas prácticas en el ámbito nacional.” (EL COMERCIO. 17.03.11).

A esta recomendación debemos añadirle que debe haber preocupación por los refugios, que por lo general en las ciudades son los locales escolares. No se trata de que cada año se revisen para las aulas como dijo un viceministro, sino evaluarlas en la perspectiva de servir de refugio para la población una vez producido un terremoto, un cataclismo. ¿Están preparados? ¿Se evalúa la infraestructura? ¿Se tienen señalados los lugares a ocupar? ¿Los servicios higiénicos son eficientes? ¿Y el agua potable? ¿Las conexiones eléctricas? ¿Formas de comunicación? Es decir pensar no sólo en función de las clases que allí se imparten sino de acuerdo a una función social que debe tener la institución. ¿Existe los recursos? Sabemos la respuesta, pero es bueno advertir que también en ese campo debe preverse.

Es injusto que a 250 kms de Lima, en Pisco, luego de producido el terremoto de hace dos años estuviéramos incomunicados y hasta hoy el pueblo siga luchando por la reconstrucción. ¿Por qué? El protagonismo presidencial con vocación de redentor, se volvió fútil si nos atenemos a lo realizado y las penurias del pueblo hasta hoy. ¿Es posible que desde el terremoto de agosto del 2007, no se reconstruya la I.E. María Parado de Bellido del distrito de San Clemente que alberga a más de 900 estudiantes de los niveles inicial, primaria y especial. (EL COMERCIO 22.03.11) Pero eso sí a pocos kilómetros se ha construido un hotel exclusivo que es una afrenta para la pobreza que se atraviesa antes de llegar a sus lujosas instalaciones.

No estamos a la altura del pueblo japonés en responsabilidad cívica. A pesar de todo el desastre, el problema de la central de Fukushima nos da a conocer que quienes están en ella luchando son hombres anónimos y casi todos mayores de 60 años. Algunos no cobran más de 80 euros al día por su trabajo. Tratando de explicar esta decisión un anciano de 89 años veterano de la Segunda Guerra Mundial, que vive como refugiado en el Centro Deportivo de Fukushima, dice que no ha sido el dinero o el reconocimiento lo que los ha llevado hasta allí. “Llevan –dice- el yamato-damashii, el espíritu japonés. Es decir desde nuestra cultura esto es valor, patriotismo y dedicación al bien común por encima del interés individual. (El País. Madrid, 17.03.11)

Sin duda se puede contar muchas lecciones del comportamiento del pueblo japonés en medio del sufrimiento, pero el mundo sigue su curso.

El terremoto y tsunami del Japón además de la central nuclear deben quedar como símbolo de la prevención –a pesar del número de muertos y desaparecidos- y de las decisiones oportunas que deben tomarse.

En nuestras escuelas además de las recomendaciones preventivas y los simulacros deberíamos preocuparnos por el conocimiento de los fenómenos naturales y sus consecuencias. Esto llevará a la acción, a la convicción de por qué debe hacerse y no tomar las cosas a la broma. Desde la historia, por ejemplo, es bueno recordar que Lima y Callao en 1746 a las 10.30 pm del 28 de octubre. En el Suplemento El Dominical (El Comercio 27.03.11 Cuando la tierra tiembla), se describe este sismo: “La placa tectónica de Nasca se sacude violentamente a uno 160 kilómetros de la costa peruana. La tierra se estremece de abajo hacia arriba y provoca un terremoto en Lima y Callao”. A las “11pm. Un espeluznante ruido viene del mar. El agua retrocede y en contados minutos una gran ola golpea el Callao… ingresa cinco kilómetros tierra adentro… El tusnami hundió 19 embarcaciones y de los cinco mil habitantes que tenía el Callao, sobrevivieron menos de 200. En Lima los muertos fueron más de 2 mil y los efectos de la catástrofe se sintieron desde Ecuador hasta Chile.

Ronald Woodman Pollit expresó (Entrevista de Milagros Leiva a en El Comercio. Lima, 28.02.10). que es bueno conocer que “…los tsunamis sí se pueden predecir, pero los terremotos no. Los terremotos nos sorprenden siempre. El tsunami es el trueno después del relámpago. Cuando ocurre un sismo las ondas se propagan a miles de metros por segundo y casi de forma inmediata los sismógrafos detectan la magnitud, profundidad y epicentro. Si está en el fondo marino y tiene suficiente magnitud podemos dar una alerta.”

¿Y cómo va nuestro sistema de alerta de tsunamis? No funciona. Cuando ocurre un sismo como el que acaba de suceder en Chile o en Pisco las comunicaciones telefónicas colapsan y nuestro sistema sismográfico depende de la red telefónica. Continúa diciendo Woodman “Si el tsunami que ocurrió en Pisco hubiera ocurrido en el Callao habrían muerto miles de personas y estas se podrían salvar con una alerta temprana. Lima ya tuvo tsunami y puede volver a ocurrir. Cuando ocurre un tsunami en Pisco y los que viven en el Callao se preguntan si pasará lo mismo es cuando entra a tallar el sistema de alarma satelital que no tenemos. En 1746 hubo un terremoto que destruyó Lima y originó un tsunami que arrasó La Punta y el Callao. ¿Volverá a suceder? Es una regla: todo lo que sucede geológicamente vuelve a suceder. Vamos a tener un tsunami con la misma intensidad que tuvimos en el pasado, lo único que nos favorece es que cuanto más grave es la situación, menos frecuente es. Sismos como los que acaban de suceder en Chile ocurren una vez cada doscientos años. “¿Y cómo sabemos cuándo es terremoto y no temblor? Si puedes correr es temblor, si no puedes caminar es terremoto. Conclusión: los peruanos vivimos en una tierra que tiembla en cualquier momento. Así es. Y mejor asumirlo que negarlo. Ha temblado en el pasado y en el futuro pasará lo mismo.

También deberíamos considerar que somos un país diverso y que estos fenómenos naturales son interpretados por nuestros pueblos de diversa manera. Existe una sabiduría de nuestras culturas ancestrales que debe conocerse y tomarse en cuenta en las previsiones. Antonio Muñoz Monge, periodista, nos dice que “El canto de un ave, el color del cielo, un arco iris, la ausencia de nubes, el viento…, son augurios, despiertan sospechas, son la causa o el aviso de algo que ocurrirá…” (EL DOMINICAL El Comercio. 27.03.11).

El tema de educar para la prevención va más allá de las formas y maneras de desplazarse y organizarse. Por ello desde el aula debe irse construyendo conocimiento, actualizando información y no quedarse con el anuncio de un cronograma anual o como ocurrió de que el primer simulacro de sismo sería el 20 de abril, el siguiente el 31 de mayo, los siguientes serán el 23 de junio 2011, en recuerdo al terremoto del año 2001 en Arequipa, el 11 de agosto 2011; el 13 de octubre 2011 “Día Internacional para la Reducción de Desastres” y el 16 de noviembre 2011 Se ha realizado un taller con especialistas de las regiones y el contenido ha sido “conocer la estrategia nacional de gestión de riesgos en el sector Educación y fortalecer la capacidad de acción de los participantes” (ANDINA.24.03.11). ¿Por qué no conocer esta estrategia? ¿En qué consiste la gestión de riesgos? ¿La comunidad no puede saberlo? La información que tenemos del 31 de mayo es “El Ministerio de Educación realizó hoy, en las más de 93 mil instituciones educativas del país, el Segundo Simulacro Nacional Escolar de Sismo 2011, donde más de ocho millones y medio de escolares y sus 500 mil profesores recordaron a los cien mil muertos por el terremoto del 31 de mayo del 1970, considerado el más devastador de la historia del Perú. (Oficina de Prensa y Comunicaciones del Ministerio de Educación).

Esta información además nos dice que “Los niños, niñas y jóvenes escolares, así como sus profesores se colocaron un lazo de color azul y naranja en homenaje a todos los hombres, mujeres y pueblos afectados por el citado terremoto, que con una magnitud de 7,8 grados en la escala de Richter, asoló el departamento de Ancash hace 41 años. (Ibidem) ¿Se explicó qué ocurrió ese 31 de mayo? ¿Por qué se produjo ese cataclismo? No basta sólo recordar. A los niños y jóvenes debe explicárseles lo ocurrido y por qué de la cantidad de muertos. El recuerdo con símbolos y discursos es anecdótico.

Consideramos además que este evento llamado simulacro debe ser realizado no sólo con conocimiento sino con toda la rigurosidad y seriedad que esto requiere. Llama la atención la nota que dice “Pero mayor fue la satisfacción de las autoridades al visitar uno de los laboratorios del colegio, donde las alumnas, mediante el uso de las computadoras y material educativo entregado por el Ministerio de Educación, habían preparado simuladores de sismo a varias escalas y en tiempo real. ¿Es esto importante en un evento donde la consigna es evacuar antes que demostrar, seguridad antes que exhibicionismo? ¿Qué mensaje se ha querido dar? ¿Que se utilicen las computadoras para demostrar el conocimiento del manejo de la tecnología o que es de irresponsables hacer que los alumnos preparen la simulación en tiempo real?. Más allá de lo anecdótico sería importante una explicación científica de lo que sucede en la tierra y sus efectos en el litoral y los andes y de qué manera la tecnología podría utilizarse. ¿Se proporcionó este conocimiento?, ¿los profesores lo saben? Se recuerdan la cantidad de muertos y catástrofe, pero por qué no enseñar a qué se debió y cómo la tierra es afectada por el sismo.

¿Se ha explicado por ejemplo qué es la placa de Nasca y por qué se produce la fricción entre esta placa y la placa sudamericana? Los alumnos requieren hoy información, conocimiento y no sólo recetas de comportamiento. ¿Saben que la placa de Nasca se desplaza a una velocidad promedio de 11 centímetros por año? ¿Por qué no explicar que la placa sufre un proceso de subducción (la corteza oceánica antigua se introduce bajo la corteza continental) por debajo de la placa Sudamericana, la cual es la causa de los sismos más importantes que ya ha sufrido no solo este país sino América del Sur, es su parte oeste? Esta información está contenida en el currículo, pero es bueno recordársela a los alumnos cuando se hace estos simulacros. Y a los más pequeños, explicarles lo mismo de una manera más sencilla.

Desde Japón también se plantearon algo para explicar sobre la crisis nuclear a los niños japoneses. Se puede encontrar en la siguiente dirección electrónica, está en inglés:

¿No podríamos hacer algo parecido para explicar los sismos y secuelas en el aula, en el país? Creo que costaría menos que toda la parafernalia que se despliega para que cada funcionario se luzca… ¿qué conocimiento le queda a los niños? Simplemente la visita de la autoridad para ¿dar fe? de cómo se cumplen las directivas y luego declarar con regocijo cómo hubo orden y cumplimiento. Además que “cada día se tiene más conciencia”. ¿De qué?

Es importante dedicarle un poco más de creatividad a la prevención de los sismos y desastres naturales Recursos y creativos tenemos. ¿Qué es lo que falta? ¿Cuándo pondremos la imaginación al alcance de la educación y de la prevención? El terremoto de Pisco está cerca y parece que más allá de las poses para las cámaras y “visitas de médico”, la situación de calamidad está a la vera del camino. Que la prevención no se vuelva un rito, sino una vivencia y responsabilidad. ¿Alguien se ha preocupado en decirle a los niños y niñas que debe contener la mochila para la emergencia? ¿Se ha previsto la preparación de las mochilas que debe haber en cada escuela?

Queda mucho por realizar y no sólo debe quedarse en elaborar un cronograma de futuros simulacros ni en montar un show con cámaras, fotos, atriles en donde el centro es la autoridad y su arenga, antes que el cumplimiento de una actividad. Es necesario tener clara desde la política educativa para saber cómo abordar la prevención de sismos y otros desastres. ¿Es mucho pedir? Estamos a tiempo. (04.06.11)

LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN: un olvido permanente

9 febrero 2010

Los desastres pluviales tenidos en las últimas semanas en cinco regiones andinas del Perú, han permitido evidenciar la precariedad de los mensajes educativos que tan pomposamente se publicitan y que son un cascarón y no vivencia, convicción, ni compromiso en la sociedad y sus instituciones.
Evidencia además que de nada sirve una normatividad “trenzada” con una urdimbre legal impositiva antes que contenidos forjados en la cotidianidad de nuestros pueblos. Una serie de orientaciones vienen dando los técnicos desde la época del terrible terremoto de mayo de 1972 que arrasó Huaraz por el desprendimiento de una parte del glaciar Huascarán. A partir de entonces se trabajó desde el Estado en la creación un Sistema de Defensa Civil con la finalidad de proteger a la población, previniendo daños, proporcionando ayuda oportuna y adecuada, y asegurando su rehabilitación en casos de desastres y calamidades de toda índole, cualquiera que sea su origen. (DEFENSA CIVIL. Guía Nº001 D.C. 1975). Cartilla que era repartida en todas las escuelas y colegios de entonces. También se estableció que en el curso de Educación Cívica se dedicasen horas a la prevención y a organizar las brigadas. Una medida que –como siempre- los iluminados de la planificación (¿existe en educación?) en la elaboración de los currículos nacionales fueron relegándola. Hoy tenemos que el Diseño Curricular Nacional (DCN) aborda el tema de Defensa Civil, en Educación Primaria Competencias por Ciclo por ejemplo recién a partir del Ciclo V; pero en la III Parte el IV Ciclo para el Cuarto Grado “CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD Y DE LA CONVIVENCIA DEMOCRÁTICA” (pág.216) en la columna de Capacidades se acota “Participa en la organización de brigadas escolares de Defensa Civil.” En la columna Conocimientos se dice “Brigadas de Defensa Civil en la escuela.” Y así se puede apreciar en las páginas 218, 220; 222; 226; 227 para Educación Primaria y Pág. 401 para Educación Secundaria las referencias al tema. Habría que ver cómo es tratado el mismo en los textos gratuitos distribuidos a nivel nacional.
Han pasado muchos años y hoy como sucedió el 2007 con el sismo de Pisco, se vuelve con el tema de la Defensa Civil representada por el Instituto Nacional de Defensa Civil – INDECI-. Si ingresamos al portal de INDECI (http://www.indeci.gob.pe/), sin duda encontremos abundante información: Prevención de desastres, Atención de desastres, Educación y capacitación, Planes, Proyectos y Programas, Normas legales… Consultas en línea; Alertas y Boletines, y otros temas. Asimismo existe un portal para niños (http://www.indeci.gob.pe/indecininos/index.htm). Sin duda un portal amigable, con mucha información, Pero ¿quién lo conoce? ¿quién lo lee? ¿quién pone en práctica sus enseñanzas, los conocimientos que allí se difunden?
¿No han pensado los responsables de hacer una alianza con otras instituciones para que su portal forme parte esencial e importante y de consulta permanente? ¿Los responsables del contenido del portal INDECI han considerado que somos un país diverso, intercultural y que la manera de comunicarse y de redactar sus boletines debe tener en cuenta este detalle?
El lenguaje de la comunicación para los niños, jóvenes y adultos debe ser sencillo. El documento de 1972 que se repartió en las escuelas y colegios definía al Sistema de Defensa Civil un organismo multisectorial. Decía además “Es comunidad de esfuerzos para protegernos y ayudarnos en caso de desastres y calamidades” A la pregunta ¿Qué busca el Sistema de Defensa Civil? “1. Proteger la vida, salud y propiedad de la comunidad; 2. Su participación activa en Defensa Civil; 3. Unión de los peruanos frente a los desastres.” Luego seguía la siguiente pregunta ¿Qué debe esperar el Sistema de Defensa civil? “1. Orientación para comportarse responsablemente antes, durante y después de un desastre. 2. Adopción de medidas preventivas y de seguridad frente a los riesgos de desastres y ante los desastres. 3. Adopción y ayuda oportuna en casos de desastres.” (SISTEMA DE DEFENSA CIVIL. Defensa civil. Guía Nº 001 – D.C. 1975. Lima-Perú)
Finalmente se definía qué era un desastre (“…conjunto de daños graves causados por un fenómeno destructor, que afecta la vida, salud y bienes de la comunidad.”). Proseguían luego nombrando y desarrollando los”Desastres más frecuentes”: sismos, Inundaciones, incendios, huaycos, Deslizamientos, Epidemias, Maremotos (Tsunami). Es lo elemental que se enseñaba en las escuelas y colegios y además se reflexionaba sobre lo que llamaban Diez mandamientos de Seguridad Preventiva: que incidían en el conocimiento de los fenómenos destructores más frecuentes; la importancia de reunirse con la familia y la comunidad para determinar los lugares de mayor seguridad; el sistema de alarma apropiado; señalar en casa el lugar más seguro; determinar con la familia qué hacer y no hacer en caso de emergencia, distribución de responsabilidades; guardar en lugar seguro subsistencias necesarias (alimentos enlatados, agua, combustible, botiquín de primeros auxilios y medios de rescate (soga, herramientas, etc.); tener a la mano una radio a transistores, linterna, pilas y navaja de bolsillo); si se cuenta con un vehículo con combustible y en la maletera un botiquín, una frazada, linterna, velas, fósforos).
Además se recomendaba Tranquilidad: frente al peligro. Serenidad para protegerse y orientar mejor a los demás; Un hombre sereno, piensa y actúa mejor. Finalmente se recomendaba que “Frente a un desastres no llore, no grite, no corra desesperadamente. Conserve su serenidad.; Asegúrese, desplácese y proteja a los suyos con tranquilidad; Defensa civil espera de Ud. Una acción correcta y ejemplar.”
Luego seguían descripciones de cada desastre y recomendaciones para observar.
Hubo un intento de educar para la prevención en cada escuela pública, sin mucha propaganda, sin mucha arrogancia, eso sí con mucha pedagogía, con mucha claridad y tranquilidad. La importancia que le dábamos entonces nos marcó para siempre. De un lado las autoridades sabían de lo que se trataba, las instituciones asumieron su rol, y las familias a través de los estudiantes fuimos contagiando en el hogar la prevención, el estar alertas ante esta eventualidad.
Sin duda han pasado muchos años desde entonces. Se ha avanzado en la definición de situación y conocimiento de estrategias. Ahí están en el Portal de INDECI las memorias de eventos realizados el 2008 y los acuerdos tomados ¿Qué divulgación han tenido en las regiones/departamentos? Sin duda temas muy importante trascendencia pues se trataron referidos al diseño de la Ley del SINADECI (Sistema Nacional de Defensa civil) y la revisión de sus procesos principales (Julio, 2008); Propuesta de ley del SINADECI: Misión, Visión y Procesos (Octubre 2008); La Ayuda Memoria del Taller interinstitucional para el análisis del proceso de respuesta del SINADECI (Diciembre, 2008) y otros documentos especializados. ¿Qué tanto ha permitido responder rápidamente a lo ocurrido en los departamentos del sur andino azotados por las lluvias, huaycos, deslizamientos y derrumbes, aluviones? ¿Dónde se “quebró” la cadena de información, comunicación, de mando, de conducción? ¿Qué ocurrió con los responsables de Defensa Civil a nivel departamental/regional y local? El Ministro de Defensa manifestó “Los gobiernos locales y regionales han mostrado poca eficiencia” opinando a continuación –luego desmintiendo o aclarando- que el manejo de defensa civil debe pasar al Comando Conjunto de la Fuerzas Armadas, para lograr mayor eficiencia en la prevención y atención de desastres naturales. (EL PERUANO. Lima, 02.02.10)
Quedó en evidencia una vez más que con discursos y una economía exitosa no se soluciona los problemas que la naturaleza nos presenta desde épocas históricas, son cíclicos y debemos estar preparados. No se trata sólo de sismos, sino de los otros enumerados que requieren que se conozcan, que se difundan y que sean asumidos en la planificación de ciudades como una política de prevención permanente.
En el libro “La geología en la conservación de Machu Picchu” el geólogo Víctor Carlotto, director geocientifico del Instituto Geológico Minero y Metalúrgico (Ingemmet) recuerda que la ciudadela incaica enfrentó mejor las precipitaciones por su construcción y ubicación y que no hay daños mayores. Recuerda que los incas sufrieron embates de la naturaleza como aluviones de gran magnitud, pero aprendieron la lección y no volvieron a construir sobre las zonas que resultaron afectadas… Por eso la fortaleza de Ollantaytambo y Macchu Picchu están en partes altas. Pero hoy, sin reparar en esas enseñanzas, se sigue construyendo donde la naturaleza ya hizo daño. Y en esto hay que reparar que la naturaleza no hace daño, el cauce de las aguas recupera sus lugares de paso y expertos recomiendan que deben respetarse 30 metros a cada lado de la rivera del río y no construir casas porque las aguas tienen sus salidas naturales. Al respecto el ministro de Comercio Exterior “resaltó el conocimiento que tenían los incas a la hora de edificar. Ellos sabían cómo y dónde construir, pues el sistema de evacuación de aguas y el sistema hidráulico es absolutamente impresionante. Hemos visto que estaba seco, por eso la ciudad de Machu Picchu no sufrió daños.” (El Peruano,03.02.10) No es la primera vez que esto ocurre, sin embargo ¿alguien ha explicado a los habitantes de dichas zonas esta observación técnica? ¿Se ha explicado lo que significa la prevención de desastres?
¿Qué hacemos promoviendo sólo simulacros de sismos en las ciudades y nos olvidamos del interior del país, con su diversidad de geografía, climas? Además de INDECI existen instituciones de la sociedad civil que vienen aportando al conocimiento y a la prevención. Sin embargo pocos los toman en cuenta y menos conocen los temas estudiados in situ. Por ejemplo podemos citar el documento “Manual para la prevención de desastres y respuesta a emergencias. La experiencia de Apurímac y Ayacucho/ Giovana Santillán, Julio Fernández, Pedro Ferradas, José Correia; Lima: ITDG AL, 2005. Este trabajo se hizo como parte del proyecto Allin Kawsananchikpaq» (Para que vivamos mejor) en apoyo a las familias damnificadas de los departamentos de Ayacucho y Apurímac. Como se expresa en la presentación del Manual “Este proyecto tuvo como una de sus principales finalidades el fortalecimiento de los comités locales de defensa civil. Sobre la base de esta experiencia, el presente manual está dirigido a las autoridades y líderes que tienen la responsabilidad de comandar los comités locales de defensa civil y de organizar a su población para hacer frente a posibles desastres naturales y antrópicos.”
También se cuenta con un Manual de Conocimientos Básicos de Comités de Defensa Civil; la Doctrina de Defensa Civil; el Manual Básico para estimación del riesgo; el Atlas de Peligros; Manual de Preparación y Concientización de Emergencias Locales; Terminología de Defensa Civil, publicados y archivados en la biblioteca digital de INDECI.
Es más, el 25 de febrero del 2008 se dio la Resolución Ministerial Nº 0012-2008 ED aprobando el Convenio de Cooperación Interinstitucional entre el Ministerio de Educación y el Instituto de Defensa civil – INDECI. En dicho convenio se plantearon obligaciones comunes en torno a los siguientes objetivos: “1) Fomentar encuentros con representantes de entidades regionales nacionales e internacionales así como con especialistas relacionados al campo de la gestión del riesgo, a fin de intercambiar experiencias, conocimientos información técnica, publicaciones, procedimientos administrativos, operativos, entre otros, con el propósito de lograr una eficaz y eficiente gestión del riesgo en las comunidades educativas y locales del país. 2) Promover la formulación y ejecución de planes y programas orientados a la reducción de la vulnerabilidad frente a los fenómenos de origen natural o inducidos por el hombre, en el marco del Plan Nacional de Prevención y Atención de Desastres. 3) Ampliar la cobertura y fortalecerla Red Nacional de Docentes en Gestión del Riesgo y de otras redes educativas relacionadas con la gestión del riesgo.4) Desarrollar otras actividades que se fijen de mutuo acuerdo, compatibles con los fines y objetivos propuesto.” Además las Obligaciones del Ministerio son: 1 Mantener actualizados los contenidos curriculares de los diversos niveles y modalidades del sistema educativo que permitan el desarrollo de las capacidades, las actitudes los valores y las prácticas que conduzcan a forjar una cultura de prevención en las comunidades educativas y locales del país. 2) Producir difundir, con el apoyo de lNDECl, materiales educativos diversificado y contextualizados (libros, revistas, folletos, cartillas, calendarios, .mapas, afiches, CD, audiovisual, etc.) que permitan fortalecer la cultura de prevención en el sector educación. 3) Brindar facilidades para la realización de prácticas pre-profesionales del curso de Especialidad Docente «Prevención y Atención de Desastre” (Cláusula Quinta: Obligaciones del Ministerio)
¿Quién cumplirá ahora esta preparación si las instituciones de formación docente públicas y algunas privadas van camino a la extinción por obra y gracia de quienes deben protegerlas, el Vice Ministro de Gestión Pedagógica y el Ministro de Educación? Eran los estudiantes de formación docente de los ciclos VII y IX los que deberían desarrollar el programa Aprendiendo a Prevenir en Coordinación con INDECI. ¿Las facultades de educación de las universidades lo harán? Guarecerse en las palabras irresponsables del Presidente al decir que hemos realizado inversiones por miles de millones de soles y decir que en educación no se ha reducido el gasto, no es ético, porque no dejan ver la verdadera situación que viene ocurriendo en el sector.
Es importante resaltar lo que dice el Manual para la prevención desastres respuesta emergencias. de y a La experiencia de Apurímac y Ayacucho “Existen dos maneras de afrontar los desastres: una, tratando de reducir sus efectos mediante medidas de preparación y respuesta ante las emergencias; la otra, procurando reducir las condiciones de riesgo mediante la incorporación de estrategias y medidas de prevención en las políticas y planes de desarrollo local. Estas dos maneras son en realidad complementarias y necesarias para proteger a las familias, el ganado, los cultivos y los servicios públicos ante la ocurrencia de fenómenos destructivos como son las heladas, los sismos o las sequías.”
La cultura de la prevención y previsión debe ser tan cultivada como la democracia. Es fácil decir ante la casi invisibilidad de las autoridades de los responsables de Defensa Civil en los departamentos, en los municipios, que la responsabilidad pase a las Fuerzas Armadas, ignorando que los civiles tenemos responsabilidades que asumir y cumplir. Ante estas palabras sólo un parlamentario ha defendido los fueros de INDECI y ha opinado que la transferencia a las Fuerzas Armadas constituiría un retroceso. ¿Dónde están los responsables de la formación ciudadana? Nos falta mucho por aprender a autogobernarnos, a asumir responsabilidades, y no aparecer en los medios prestos a decir que lo que se dijo no era, sino fue mal interpretado.
Hubiera sido interesante en los millones de textos publicados por el Ministerio de Educación, que en lugar de la foto presidencial, publicar una cartilla mínima sobre lo que debe saber un escolar con relación a la prevención de desastres. Eso hubiera sido aportar a formar la cultura de la prevención. Pero eso es pedir mucho de un gobierno que le da las espaldas a las necesidades de los que están marginados de los medios y del presupuesto central. Se olvida lo que recomienda el ing. Kuroiwa, nuestro reconocido sismólogo y especialista en prevención y mitigación de desastres: “En realidad, cada uno tiene que saber lo que le toca hacer, porque las pérdidas que causan los desastres son un gran obstáculo para el desarrollo socioeconómico de los países. Hay que estar preparados para los desastres naturales, porque éstos no avisan. Cada uno de nosotros debe cuidar su entorno; cada persona, cada familia, debe tener su propio plan de prevención y mitigación de desastres”. Lo que viene ocurriendo estos días ya no sólo en el sur andino sino en otras regiones del país y la indiferencia desde el sector educación pone de manifiesto qué poco interés existe por lo que recomiendan quienes sí saben de los desafíos y retos que nuestro territorio nacional. (06.02.10)