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DESARROLLO DE COMPETENCIAS Y MATERIALES EDUCATIVOS

26 abril 2013

Martha Vargas de Avella / Coordinadora Regional / Proyecto Materiales Educativos CAB/GTZ

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Los materiales educativos, también llamados recursos didácticos, o materiales para el aprendizaje, contribuyen a crear un clima que facilita la interacción en el aula de clase, entre los profesores y sus alumnos y de éstos entre sí y con el medio ambiente. Las relaciones e interacciones en el aula, ocurren en torno a los saberes que circulan y a las actividades y procedimientos que entran en juego para crear ambientes de aprendizaje. Los materiales educativos son parte de esos ambientes.

El resultado pedagógico que se obtiene al trabajar procesos pedagógicos en ambientes de aprendizaje intencionalmente creados y enriquecidos con materiales educativos, se expresa en el “saber hacer” de los alumnos, especialmente cuando enfrentan situaciones nuevas y pueden actuar frente a ellas, porque el nuevo conocimiento adquirido les permite resolverlas.

Este “saber hacer” que se fundamenta en el saber adquirido, constituye la competencia alcanzada por el alumno. Si el alumno “realiza mediciones en situaciones cotidianas, las explica, registra y comunica” después de hacer construido o reconstruido estos procesos en el aula, en la interacción con sus compañeros y con el profesor, empleando varios procedimientos y materiales educativos, entonces, es posible afirmar que ese alumno, ha alcanzado la competencia esperada.

Alcanzar una competencia, implica que la niña y el niño, como sujetos que aprenden, dominen tres saberes integrados pero que se pueden diferenciar: el saber conceptual declarativo, que les permite explicar, comunicar, contar a otros verbalmente y por escrito, hechos, datos, principios, comprensiones, sobre el objeto de conocimiento. El saber práctico o procedimental, que les permite seguir una secuencia organizada, establecer las etapas de un procedimiento, repetir el procedimiento (no de manera mecánica sino reflexiva), hacerle variaciones y resolver problemas similares en situaciones nuevas. El saber critico – reflexivo mediante el cual, pueden tomar distancia de los hechos, valorarlos, apreciarlos como importantes para su vida y desarrollar actitudes favorables para el aprendizaje.

Alcanzar las competencias equivale a aprender significativamente, en oposición a aprender por repetición. El aprendizaje significativo, requiere de una condiciones que deben ser creadas por el profesor. Estas condiciones dependen y se relacionan con las preguntas sobre el qué enseñar y el cómo enseñar.

Cuando los profesores crean las condiciones para lograr aprendizajes significativos en sus alumnos, pasan por el proceso de analizar el contenido de las disciplinas de manera rigurosa, para decidir qué de las prescripciones curriculares, traducidas en competencias, constituye le meollo del saber conceptual o declarativo que sus alumnos deben alcanzar. Con este análisis, el profesor está identificando qué es lo enseñable de los contenidos de esa disciplina.

También es necesario que el profesor analice cuáles son las formas, procedimientos, materiales educativos, que permiten a los alumnos, aproximarse a los conceptos y utilizar en la práctica loa aprendizajes logrados. Es decir, el aprendizaje práctico o procedimental necesario. Con estas dos decisiones, la actitud crítica – reflexiva, dependerá de las oportunidades de cuestionamiento, valoración e interacción que se generen en el aula.

La utilización de materiales educativos, manipulables, interactivos, planificados como herramientas que contribuyen a los aprendizajes de los alumnos, facilitan el logro de las competencias, siempre y cuando estén articulados a procesos intencionalmente orientados por los docentes. De esta forma, se cambia el énfasis en la relación procesos .- contenidos, pues, en el ejemplo que se está utilizando, resulta más importante que el alumno realice la medición de una superficie, envase un litro de agua, establezca el peso de un objeto, que recite las definiciones de longitud, volumen y peso. Los alumnos, pasan de ser portadores de información transmitida, a constructores de información.

En la misma competencia expuesta como ejemplo, “realizar mediciones en situaciones cotidianas”, el contenido surge primero del proceso que experimenta el alumno y luego se complementa con el que se deriva de la enseñanza del profesor; por esa razón, cuando se dice, “utilizando unidades arbitrarias y algunas oficiales”, se abre la posibilidad de que el alumno construya libremente, desde su comprensión; los niños y las niñas pueden expresar su aprendizaje de muchas maneras, diciendo por ejemplo, que un objeto pesa igual que “tantas piedritas” colocadas en el otro platillo de la balanza, antes de llegar a los conceptos de peso, gramos, etc. Que le enseña el profesor.

El camino inverso, aprender de memoria los contenidos enseñados, puede integrarse como información disponible en la mente del estudiante, pero difícilmente, frente a una nueva situación, él podrá utilizarlos en su vida cotidiana. De la misma manera que la balanza sirve como herramienta para que los conceptos, los procedimientos y el análisis crítico se activen en los alumnos, otros materiales didácticos cumplen la misma función en las diferentes áreas del conocimiento.

Los materiales que el maestro selecciona o construye para que los estudiantes se aproximen al conocimiento, están condicionados a la reflexión del educador para que las decisiones didácticas sean acertadas. Ello supone la actividad personal de los alumnos y ésta debe ser planificada de manera que los libros, las guías, los materiales no impresos, conformen un sistema paratextual que esté a disposición de los niños y las niñas.

Cuando un material educativo remite a otros, por ejemplo, ir del libro de texto al material tridimensional, de éste al cuaderno, luego a otro material o impreso, para regresar nuevamente al libro y preguntar al profesor, los alumnos permanecen en actividad organizada y ésta es la mejor forma de concentrar su atención.

Los educadores deben conocer los materiales, saber manejarlos y descubrir su alcance pedagógico-didáctico. A partir de ese conocimiento, es posible planificarlos como ayudas didácticas y obtener de su aplicación los mejores resultados. Por otra parte, la tarea de programas las sesiones de trabajo con los niños y las niñas constituye un desafío a la imaginación del educador, porque aparecen preguntas nuevas sobre la utilización de los instrumentos al servicio de los aprendizajes de los alumnos y la manera cómo ellos facilitan las elaboraciones cognoscitivas.