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LA SALUD MENTAL: no es un tema policial sino social

29 octubre 2011

La salud mental se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.

La dimensión positiva de la salud mental se destaca en la definición de salud que figura en la Constitución de la OMS: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

Hace varios meses viene hablándose del bullying entre los escolares. Los efectistas salen al paso diciendo que cada institución educativa debe contar con un psicólogo y denuncian que el Ministerio de Educación no cumple la ley que se dio hacia junio de este año. Sin duda un despropósito que no se han tomado el tiempo suficiente para “investigar” el por qué del proceder de determinados alumnos; por qué la agresividad de unos y la pasividad de otros. La denuncia por la denuncia, el escándalo, y la sanción. Ese es el mensaje ante un mal que tiene raíces más profundas.

Los que somos docentes no somos ajenos a este problema. Paco Yunque (1931) de César Vallejo allá por los años 30 nos reflejaba las vicisitudes de un niño tímido y de origen humilde, Paco Yunque, durante su primer día de clases, en el cual debe soportar los maltratos y humillaciones de otro niño, Humberto Grieve, hijo de los patrones de su madre. ¿Cuántos Paco Yunque hemos tenido y tenemos en nuestras aulas en el desempeño de nuestra profesión? ¿Cuántos Grieve existen en nuestra sociedad que creen tener licencia para todo pues sus padres los defienden en última instancia?

En nuestra formación docente cuando leímos este cuento la reflexión fue por el lado literario, ideológico, pero no por el lado de lo que significaba para la salud mental. En algún momento de la violencia que asoló el país nos preguntamos si lo que sucedía no era lo que Vallejo expresó en Los Heraldos Negros como si fuera el resultado de “Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma.”

Conversando con profesionales docentes de provincias, de zonas rurales, hablaban ya de suicidios de niños por la desesperanza de haber perdido a sus padres, abuelos, hermanos en la lucha fratricida de entonces. Cómo esto iba produciendo una serie de cambios en el desarrollo de los niños y niñas, silenciosos unos, otros distraídos, otros rabiosos, vengativos. Estas manifestaciones ocurrían en el aula, en el recreo o en el regreso a casa. ¿Qué ocurría en esos niños y niñas? ¿Qué de sus sentimientos infantiles? ¿Cómo interpretar el silencio, retraimiento, perturbación para escribir, para expresarse, para participar con sus compañeros? Es tímido, nos decían unos, otros “es chuncho”. Presentíamos que no era sólo eso, que había otras explicaciones más complejas. Qué le pasaba a los distraídos que siempre respondían otras cosas, que su imaginación estaba fuera de la escuela, no en su casa que casi siempre evitaban referirse a ella, menos a sus padres; que estaban en “otro sitio” ¿cuál? ¿dónde? ¿por qué? Suposiciones eran las que nos querían aproximar a ese mundo infantil diferente. ¿Y los rabiosos? Eran un hervidero de desquites, de agresiones a quienes osaran interferir en sus intereses, en sus territorios. ¿Y los vengativos? Buscaban “desquitarse” de aquello que ellos suponían les hacía daño, interferían en sus preferencias, en sus deseos. Había los que hacían “justicia” con sus propias manos sin importarles que luego llamasen a sus padres, pues casi nunca asistían a las citaciones, o estaban ausentes de casa. El “chócala parta la salida” era la consigna y el aviso que luego de clases habría una pelea a puño limpio, con barras, hasta que pasara o llegara un adulto y los separase. Seguro que hoy son otras las consignas y otros los retos.

En encuentros vacacionales entre educadores empezamos a encontrar una respuesta a todo ello contando con el conocimiento especializado de psicólogos que empezaron a hablar de un tema nuevo que llamaban salud mental. Y este fue un campo en el cual un grupo de educadores -hoy disperso- empezó a impulsar su reflexión desde la perspectiva pedagógica, del clima del aula, del ambiente familiar, del entorno comunitario. Se encontraron respuestas y realidades lacerantes en los educandos, que desde la perspectiva de un profesional que proviene de una familia constituida, de una cultura diferente, de valores, era imposible imaginarse. Estos estigmas cómo se manifestaban en el rendimiento escolar, evidenciado en lo que hoy llamamos evaluación. ¿Podría haber una comprensión lectora o un rendimiento en lógico matemáticas teniendo su personalidad tan atormentada? Se volvía realidad aquello que dice el poeta que “Abren zanjas obscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte./ Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte.”

Y qué poco se ha hecho en educación sobre esta realidad. Se piensa que un psicólogo es la solución. ¿Y la formación de los docentes está acorde con la realidad mental que tienen los educandos que encontrarán en las aulas? El tema del bullying lo miramos con ojos urbanos, de una cultura occidental sin ponernos en el “pellejo” de los que lo sufren y su entorno, sin preguntarnos quiénes son, de dónde provienen. Se piensa que con una ley se solucionará el problema. ¿Qué dice la ley? En general busca promover la convivencia escolar pacífica; que los colegios contarán con sicólogos para prevenir los casos de violencia escolar; que los planteles reportarán los casos de ‘bullying’ en un libro de registro de incidencias donde se ingresarán todos los casos de ‘bullying’ que se presenten, el mismo que deberá incluir las acciones adoptadas y las sanciones impuestas en cada caso; que establece que todas las instituciones educativas deberán contar con al menos un psicólogo para la prevención y tratamiento de casos de violencia escolar. La norma busca promover de esta forma la convivencia sin violencia ni acoso en las comunidades educativas y busca dar al Ministerio de Educación una herramienta legal para prevenir y combatir el maltrato entre estudiantes. Plantea en su art. 7º que el director de la IE tiene la obligación de orientar al Consejo Educativo Institucional (CONEI) para los fines de una convivencia pacífica de los estudiantes. Deberá convocarlo de inmediato cuando ocurran incidentes de acoso o violencia. Informará asimismo a los padres o apoderados de los estudiantes o del estudiante que son víctimas de violencia o casos en cualquiera de sus modalidades. También convocarán a los padres o apoderados del agresor o agresores. Las sanciones acordadas deberán ser comunicadas por el director, cuando se determine la responsabilidad de un estudiante agresor. (Ley 29719).

¿Qué hacemos con leyes y reglamentos si no se cuenta con recursos y menos con el conocimiento de lo que se debe hacer más allá de una sanción represiva? La Ley 29719 requiere un Reglamento. ¿Pero esa Ley contiene todo lo que debería? ¿Por qué no hacerla revisar por quienes están en el tema y pedirle que hagan sus aportes? Así como está queda la impresión de que esto se soluciona con la provisión de psicólogos en cada escuela. Así de simple como aquello que “muerto el perro, se acabó la rabia”. Y eso no es así. Debe haber un enfoque sobre la salud mental en el país y de manera especial en las escuelas, que estudien qué sucede con los docentes, con los alumnos, con la comunidad educativa. No es policial el tema y menos represivo, como se le presenta ante la complacencia de muchos y el pavor de pocos.

Una mirada por el mundo sobre el tema de la salud mental con motivo de su conmemoración el 10 de octubre, nos dice que cerca de la mitad de los trastornos mentales se manifiestan antes de los 14 años. Se calcula que aproximadamente el 20% de los niños y adolescentes del mundo tienen trastornos o problemas mentales, y en todas las culturas se observan tipos de trastornos similares. Sin embargo, las regiones del mundo con los porcentajes más altos de población menor de 19 años son las que disponen de menos recursos de salud mental. La mayoría de los países de ingresos bajos y medios cuentan con un solo psiquiatra infantil por cada millón a cuatro millones de personas. ¿Qué nos dirán quienes exigen que en menos de dos meses el Estado provea de psicólogos para todas las instituciones educativas públicas?

Existe en el aula y en el trato con los niños y niñas una serie de manifestaciones que es necesario conocer. Por ejemplo la OMS nos habla de algunas que es necesario tener en cuenta: la depresión que se caracteriza por una tristeza y una pérdida de interés constantes, que se acompañan de síntomas psíquicos, comportamentales y físicos. A nivel mundial está clasificada como la causa más importante de discapacidad.

Una cifra que debe preocuparnos es que en el mundo por término medio unas 800,000 personas se suicidan todos los años, el 86% de ellas en países de ingresos bajos y medios. Más de la mitad de las personas que se quitan la vida tienen de 15 a 44 años. Los trastornos mentales, una de las principales causas de suicidio, son tratables.

Las guerras y otros desastres de gran envergadura tienen un gran impacto en la salud mental y el bienestar psicosocial. La incidencia de los trastornos mentales tiende a duplicarse después de las emergencias. ¿No tendremos en la juventud actual alguna secuela de la guerra que se vivió en el país hace unos 20 años? ¿Se diseñó una política sobre este problema más allá de la reparación material? Existen pocas instituciones que lo realizan, pero con muchas dificultades, porque el tema es desconocido y se le ha trabajado desde la perspectiva del castigo antes que de la recuperación de la persona.

El estigma que pesa sobre los trastornos mentales y la discriminación de los enfermos y sus familiares, una falsa vergüenza o simplemente ignorancia hacen que las personas no soliciten atención de salud mental. En Sudáfrica- dice la OMS- , un estudio del gobierno mostró que la mayoría de la gente pensaba que las enfermedades mentales estaban relacionadas con el estrés o con la falta de fuerza de voluntad más que con trastornos médicos. Contrariamente a lo que se podría pensar, los niveles de estigma son mayores en las zonas urbanas y entre las personas con un nivel de educación más alto.

El tema de la violación de los derechos humanos de los pacientes psiquiátricos en la mayoría de los países es frecuente. Esas violaciones incluyen la coerción física, la reclusión y la privación de las necesidades básicas y la intimidad. Pocos países cuentan con un marco legal que proteja debidamente los derechos de las personas con trastornos mentales. ¿Cuántos de nuestros niños y niñas han sido evaluados psicológicamente? ¿Pueden el Estado/la Escuela contar con los recursos pertinentes? ¿Estamos preparados para ello? La Ley 29719 es insuficiente, requiere que se le trabaje más y que no sea fruto de una “carrera contra el tiempo” su aprobación como dijeron los congresistas del gobierno anterior. La aprobaron sin pensar en la trascendencia. ¿Consultaron acaso o contaron con la asesoría de especialistas como el Instituto Especializado de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi”, el Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Universidad Católica (IDEHPUCP) el Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora Nacional de DD.HH. (GTSM) y otros que vienen trabajando el tema?

Otro de nuestros problemas es no contar con profesionales especializados. La OMS nos dice que existen grandes diferencias en cuanto a la distribución de los recursos humanos para la atención de salud mental en el mundo. La escasez de psiquiatras, enfermeras psiquiátricas, psicólogos y trabajadores sociales es uno de los principales obstáculos que impiden ofrecer tratamiento y atención en los países de ingresos bajos y medios. Los países de ingresos bajos cuentan con 0,05 psiquiatras y 0,42 enfermeras psiquiátricas por cada 100 000 habitantes, mientras que en los países de ingresos altos la tasa de los psiquiatras es 170 veces mayor y la de las enfermeras es 70 veces mayor. ¿Y en nuestro país? Exigimos un psicólogo por IE sin tener la certeza de que si se podrán cubrir las plaza que se requieren. ¿Aceptarán ir a la sierra, a la selva, a los pueblos de la costa los psicólogos?

Frente a ello y en la perspectiva de que aumente la disponibilidad de servicios de salud mental, hay que superar cinco obstáculos claves: la no inclusión de la atención de salud mental en los programas de salud pública y las consiguientes consecuencias desde el punto de vista de la financiación; la actual organización de los servicios de salud mental; la falta de integración de la salud mental en la atención primaria; la escasez de recursos humanos para la atención de salud mental, y la falta de iniciativa en el terreno de la salud mental pública.

En cuanto a los recursos financieros que se necesitan son relativamente modestos. Según la OMS se requieren US$ 2 por persona y año en los países de ingresos bajos y US$ 3 a 4, en los de ingresos medios. ¿Se ha realizado un estudio económico de lo que significaría dotar a cada escuela de un psicólogo?

La literatura que circuló el 10 de octubre no dice que la salud mental tiene que ver con la vida diaria de todos. Es decir, cómo cada uno nos relacionamos con otros en el seno de la familia, en la escuela, en el trabajo, en las actividades recreativas, en el contacto diario con nuestros iguales, y en general en nuestra comunidad. También comprende la manera en que cada uno armoniza sus deseos, anhelos, habilidades, ideales, sentimientos y valores morales con los requerimientos para hacer frente a las demandas de la vida. Sin duda líneas generales que deben ser asumidas por quienes deben legislar pensando en la salud pública. El tema del bullying, la violencia, el suicido y acoso en los escolares se acrecienta. El Estado debe de dejar de ser espectador y bueno sólo para lo inmediato y no pensar a futuro.

Se recomienda que estemos atentos a cómo nos sentimos nosotros mismos. Es decir si no estamos abrumados por nuestras propias emociones (celos, temores, sentimientos de culpa, angustias, tristezas, depresiones); si podemos aceptar las decepciones de la vida sin alterarse en exceso; si tenemos una actitud tolerante respecto a la propia persona y hacia los demás; no subestimar ni sobrevalorar nuestras habilidades; conocer y aceptar nuestras propias limitaciones. Finalmente pensar si nos sentimos capaces de enfrentar la mayoría de las situaciones y tener respuesta para casos de emergencia.

También debemos estar pendientes para analizar cómo nos sentimos en el trato con otras personas. Es decir si somos capaces de amar y tener en consideración los intereses de los demás; valorar sus relaciones personales si son satisfactorias y duraderas; si les gusta confiar en los demás y sentir que los otros confían en nosotros, si respetamos las diferencias individuales de la gente.

Estar pendientes, además, en qué forma respondemos a las exigencias de la vida. Si enfrentamos los problemas a medida que se van apareciendo; si aceptamos las responsabilidades. Si planeamos para el futuro para enfrentarnos sin temor. Si tenemos la mente abierta a nuevas experiencias. Si nos fijamos las metas ajustándolas a la realidad. Si somos capaces de tomar nuestras propias decisiones.

La salud mental abarca una amplia gama de actividades directa o indirectamente relacionadas con el componente de bienestar mental incluido en la definición de salud que da la OMS: «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Está relacionada con la promoción del bienestar, la prevención de trastornos mentales y el tratamiento y rehabilitación de las personas afectadas por dichos trastornos.

El día mundial de la Salud Mental que se conmemoró el 10 de octubre tiene por objeto sensibilizar a la población acerca de los problemas de salud mental. Su celebración contribuye a fomentar un debate más abierto sobre los trastornos mentales y a promover la inversión en servicios de prevención, sensibilización y tratamiento. La falta de tratamiento de los trastornos mentales y neurológicos, y de los relacionados con el consumo de sustancias es enorme, en especial en los países con recursos escasos. El lema de este año es “Invirtamos en salud mental”. ¿Lo hemos visto en los medios? Una entrevista al Ministro de Salud sobre el tema, y nada más. Los recursos económicos y humanos que se asignan a la salud mental son insuficientes, en especial en los países con recursos insuficientes. La mayoría de los países de ingresos bajos y medios dedican menos del dos por ciento de su presupuesto sanitario a la salud mental. Hay que aumentar la inversión en salud mental y dirigir los recursos disponibles hacia servicios más eficaces y humanitarios.

Lo escrito debemos de ponerlo en la perspectiva de lo que significa la Salud Mental en la educación. No son las medidas efectistas y para mermar denuncias policiales las que formarán conciencia en la comunidad. Todo lo contrario. Una política educativa sobre Salud Mental a desarrollar nos hará trascender de lo policial a lo social. Seremos más equitativos y haremos que la inclusión sea más auténtica. (15.10.11)

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LA SOLEDAD DEL MAESTRO

11 julio 2011

Desde tierra adentro, allí donde las noticias diarias se contradicen con el día a día duro, en este país que de buenas a primeras se ha detenido según la propaganda oficial en los partidos de fútbol que anestesian en esta época el entendimiento (Ya no se dice el Perú avanza, ahora se dice avanzó construyendo….ya saben qué, etc.…) y donde las inequidades reverberan como el sol que se disfruta en los distritos y las provincias del interior del país, las escuelas se aprestan a celebrar el día del maestro, el 6 de julio. Muchos maestros jóvenes rememoran lo que les han contado y se quejan de que ahora se sienten “desconsiderados”, poco reconocidos. Son unos asalariados más de los tantos que el sistema se encarga de mantener porque los necesita, pero no por su función social, sino porque de alguna manera tienen que “enseñar a aprender” a millones de niños y niñas.

Esta introducción nace de ver, dialogar con los maestros más allá de las salas de conferencias, de capacitaciones, de los talleres, de las discusiones sobre trabajos de investigación, de una futura tesis, en fin de mil afanes que tienen como profesionales.

Encontrar un ser que piensa, siente, crea, con las limitaciones que le da su entorno, su desarrollo personal, es una riqueza que sentimos no es convenientemente valorada. Hoy todo se resume en ver su desempeño profesional y poco se sabe de su vida cotidiana, de su quehacer como hijo, como hermano, como padre de familia, como abuelo. Sin duda esta dimensión humana es poco visible para quienes redactan leyes, reglamentos, normas, desde una función a la que llegaron por relaciones y no por apreciar técnica ni ética a su trabajo y función.

Desde este compartir van estas líneas ahora que se “celebrará” el día del maestro en nuestro país, este 6 de julio, que pasa como un día más para esa persona que siempre está en el ojo de la tormenta educativa cuando se habla de crisis de la educación en nuestro país.

Vamos saliendo de un proceso electoral que ha mantenido por meses a la población distraída y aletargada. La fatiga se siente, los humores también. Los ciudadanos nos sentimos saturados de propuestas, promesas e ilusiones. Nos acercamos a un cambio de mando lleno de incertidumbres, de promesas que no se cumplirán, de ofertas que se olvidarán, de palabras que se las llevará el viento.

Repasemos brevemente situaciones que si bien son evidentes, tratan de ajustar el perfil profesional del docente a determinadas demandas para las cuales no ha sido convenientemente formado en sus años de preparación, de formación en instituciones superiores estatales o en facultades de educación. ¿Por qué seguir manteniendo esta diferenciación entre los docentes egresados de una IFD y una facultad de educación? ¿Por el syllabus? ¿Dónde radica la diferencia? ¿En la práctica?, ¿en el nivel académico? ¿en el rendimiento? Si existen estas diferencias ¿de quién es la responsabilidad? ¿de quien la dirige o de quien la cumple? Los Pilatos de la política están allí a la hora de la hora.

Existe un olvido en estos tiempos de nuevas tecnologías, de la sociedad del conocimiento, de innovaciones, de diplomas, y otros estudios de postgrado que se exigen si un profesional desea ser competitivo. En esta época de evaluaciones, de acreditación, de certificaciones, y demás medidas que la sociedad exige en aras de mejorar la calidad de la educación.

Existe también un olvido en esta secuencia de responder al modelo de desarrollo que impone un modelo económico que se rige por la ley del mercado, donde la persona es una pieza más del proceso productivo.

El olvido enorme, que no tiene perdón, es que nunca se piensa en la persona, sino sólo en que rinda, que cumpla, que aporte, que presente resultados, que sea un “todo terreno”, de que funja de sanitario, de cocinero, de psicólogo, de bedel. Nunca que sea una persona equilibrada, desarrollada, preparada, para poder cumplir con sus responsabilidades de educar a niños y jóvenes de acuerdo a principios y valores no sólo académicos sino también éticos.

La insensibilidad que se tiene frente a la educación está representada en la apreciación que se hace del maestro como persona dedicada a una de las tareas más delicadas y de trascendencia: la formación de niños y jóvenes.

Desde hace tiempo, por un afán u otro, por opción política o por intereses difusos, se ha venido desarrollando un proceso de “demolición” del ser maestro a la par que se le fue exigiendo más y más en el desarrollo del sistema educativo. Pocos estudios se han realizado sobre la persona del docente en el Perú. Todos han girado en torno a su desempeño profesional, pocos, muy pocos sobre su desarrollo personal, sobre el descubrimiento de su vocación, de la forma cómo la cultivaron, de sus objetivos, de sus ilusiones, de sus frustraciones, de sus fracasos, de su vida sentimental, de su vida familiar, de su desarrollo profesional y otros campos que el ser humano comprende.

Sin duda la comunidad tiene el referente del maestro como líder, el que todo lo sabe, el que fue en un tiempo la autoridad –por la ciencia y virtud que detentaba- y el prototipo de ciudadano que era. La literatura sobre el docente y su quehacer hoy nos refiere de un ser humano –hombre o mujer- que tiene que luchar de manera permanente como persona, como ciudadano, para ser un profesional pleno y competitivo se diría hoy.

Sin duda teniendo en cuenta el tiempo, fue Francisco Izquierdo Ríos el que nos describió las vicisitudes del maestro en el Perú, en los campos considerados anteriormente, en una época en que el ser docente era responder a una vocación de servicio, a unos valores que hoy se han devaluado en la sociedad, ser un primum inter pares, como se decía, pues en la localidad estaba considerado a nivel del alcalde, del juez, y de otras autoridades civiles. Es decir el ser y considerarse maestro.

Pero ese ser humano, ese profesional, al que se le exige todo, se le requiere para cualquier acto cultural, sobre todo en las provincias al interior del país, no se le reconoce ese servicio invisible como miembro de la comunidad: ser el referente para niños y jóvenes no sólo en la escuela, sino en el barrio, en las relaciones sociales. Eso no se pregona, no se valora, no se reconoce. Y mejor porque las apariencias no tienen valor frente a la virtud y la verdad, que son el rasgo que los distingue y diferencia frente a las demás profesiones. Pero eso se construye poco a poco en el desarrollo personal y profesional, en soledad, sin las estridencias de una sociedad que vive de luces, reflectores, maquillajes y falsedades.

¿Desde cuándo el maestro “rumia” en soledad sus angustias, sus frustraciones y sin embargo debe dar la cara, a pesar de las tensiones y de los reproches? Difícil precisarlo, pues es parte del ser maestro en el sentido profundo. Dentro de él existe un mundo interior poco compartido, pero que, según nos cuenta Izquierdo Ríos es capaz de realizar actos que chocan con el orden impuesto. Decía que a él le había enseñado más la comunidad que los libros; el aprender lo básico en pedagogía que tanta hojarasca libresca, las horas de observación pedagógica de la naturaleza que construir materiales educativos para descubrir lo que los alumnos ya traían como conocimiento previo.

Sin duda el testimonio que escribe Izquierdo Ríos es una realidad que el maestro rural lo vive día a día y el maestro de la zona urbana también con los matices correspondientes. Se pueden escribir otras historias que denotan que el maestro como persona tiene otros requerimientos, exigencias, que pasan desapercibidos para el común de la gente. Los maestros son personas y como tales tienen sentimientos, tienen valores, tienen derechos, además de sus obligaciones. A todo ello se suma las responsabilidades profesionales y el ejercicio de su ciudadanía. Éstas han debido ser detectadas en la institución de formación, desarrolladas y nutridas por el desarrollo de un currículo profesional en donde no sólo se brinde conocimientos sino desarrollo personal teniendo como horizontes la formación profesional que debe contar un docente.

Desde la experiencia Izquierdo Ríos habla de Mateo Paiva, el maestro, diciendo que “En las escuelas donde le toca trabajar, rompía los viejos moldes, insuflaba vida. Sacaba a los niños al campo, a la naturaleza. Llevaba la naturaleza a la escuela, sembrando en ella árboles y flores. El vetusto Programa Oficial de Estudios no le servía sino como un simple documento de referencia. Ante una tempestad, un río, una mariposa, un arco iris, Mateo Paiva tiraba a un lado el Programa…”. Eso que hoy llama mucho la atención es porque no conocen lo que es educar, enseñar, trabajar con niños y jóvenes.

Sin embargo, un maestro tempranamente desaparecido como Constantino Carvallo expresó en su Diario Educar, que “El mundo del maestro, a menudo, no es el mundo de los muchachos. Son dos esferas que apenas si se tocan cuando los alumnos simulan durante unas horas pertenecer al mismo bando […] El esfuerzo educativo nos lleva a meternos en el mundo de los jóvenes, intentar ser más listos que ellos. Y a veces nos lo permiten y allí vamos con nuestras torpezas, hablando un lenguaje que no es el nuestro, involucrándonos en sus cuitas y sus asuntos… (pág.51). En este mundo en permanente tensión, debería haber un espacio para lo personal, lo social, lo gremial. Y eso no es entendido ni comprendido por quienes se creen “patrones” del docente porque les dan un salario y no autoridades que saben distinguir los mundos en que esa persona dedicada a la docencia tiene que lidiar sin caer en extremos. Recibe un trato denigratorio, que va deteriorando su autoestima. ¿Alguien ha reparado en esto? ¿Se sabe cuántos docentes requieren tratamiento de salud corporal y salud mental?

En este día de homenajes y recuerdos reconozcamos que existe un lado silencioso del maestro que requiere ser reivindicado no con unos soles más sino con devolverle un reconocimiento social, que no sea una dádiva sino una valoración, tanta como la tienen algunas autoridades que dicen ser elegidas por el pueblo, sin embargo no merecen el respeto del mismo por su proceder. El maestro no es elegido sino es una vida entregada al servicio de los demás. Por ello demanda autoridades dignas que estén a la altura de la responsabilidad que esta profesión demanda.

No basta como lo hace un diario local (EL COMERCIO, 04.07.11) con reflexionar sobre “los compromisos de los maestros”, sino que la sociedad toda debe comprometerse por la educación nacional. El maestro sabe muy bien el significado de los versos “las penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas”. No sigamos haciendo cargamontón al maestro, a sabiendas que existen manipulaciones, prioridades antes que sentimientos y compromisos sociales. Que no se siga teniendo como referente a Poncio Pilatos tan recurrente en estos días de inauguraciones y promesas incumplidas. El maestro no merece seguir siendo maltratado (06.07.11)