MAMÁ, NO QUIERO IR AL COLE, ¡ME ABURRO!

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Javier Tourón INED 21 / Catedrático de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación, Javier Tourón es profesor en el Departamento de Teoría y Métodos de Investigación Educativa y Psicológica. Facultad de Educación y Picología de la Universidad de Navarra;

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Los padres de los niños más capaces, en muchos casos, están librando una cruzada titánica para conseguir que se les haga caso y se atienda a sus hijos como les conviene.

No creo que esté ya en activo ningún profesor que piense que la alta capacidad “no existe” o que es una exageración de unos padres muy preocupados, incluso un poco “neuras” que creen que sus niños son “supersónicos”, o “superplateados” (ver comentarios de la entrada anterior). Quiero pensar que no existe ningún profesor que cree que él o ella están para atender a los niños que tienen problemas (que por supuesto), porque los más capaces ya tienen bastante con serlo… Y, claro, no necesitan ninguna ayuda.

Si se me permite un símil, diría que de la misma manera que un piloto de líneas aéreas tiene que pasar un simulador cada 6 meses y de cómo lo haga depende su licencia, los profesores (lo digo en sentido figurado) deberían pasar un simulador que evaluase su comprensión de la diversidad en el aula y su capacidad para manejarla con acierto. Su futuro, el de ambos, por las repercusiones que tiene para la vida de las personas, debería depender de cómo lo hicieran.

Es cierto, lo he dicho aquí más de una vez, que los profesores -aun deseándolo- no están siempre preparados, o no tienen recursos, tiempo, o tienen que atender a tantos requerimientos que no llegan a todo lo que les gustaría, por lo que no podemos siempre pedirles que hagan lo que no pueden hacer. Además, ningún profesor milita, o no debería hacerlo, en “el equipo contrario”.

Hay algo, sin embargo, que no depende de los recursos, ni del tiempo disponible, ni de las circunstancias, y es la actitud favorable para reconocer el problema y la disposición diligente para buscar soluciones y pedir medios si no se tienen. Puedo no saber, o no tener tiempo o recursos, pero lo que no puedo es negar el problema, lo que no puedo es no preocuparme, lo que no puedo es no orientar a los padres de mis alumnos y llegar a un acuerdo con ellos sobre cómo atender a su hijo o hija de alta capacidad. Eso, simplemente, sería intolerable.

Como eso no será así casi nunca (¿me equivoco?), es decir, que los profesores tienen como mínimo buena voluntad, los padres tienen que entender que los profesores son, deberían ser, sus mejores aliados. Cometerían un error quienes no los viesen así, a menos que, en casos esporádicos (seamos optimistas), las razones de los padres fuesen clamorosas.

Pero ¿quién da los recursos a los profesores?, es decir, medios, tiempo, formación, etc.: la Adminstración o los responsables de los centros de iniciativa social. Unos y otros tienen  algo que decir. ¿No sería sensato que se hiciese una alianza de intereses comunes? ¿No es la educación de los más capaces, de todos, una tarea compartida?

Y si no lo es, o si alguna de las partes no está dispuesta, lo mejor será que lo diga, y así nos ahorraremos esfuerzos inútiles, y gastos de energía en vano.

Prefiero, sin embargo, apostar por el diálogo fructífero entre las partes (Administración, profesores, padres, expertos), por la voluntad de resolver los problemas con rapidez y eficacia.

No, no esgrimamos lo de los recortes, porque estos niños vienen sufriendo recortes (sus profesores también),  desde que la escuela decidió graduarse. De eso hace más de un siglo…

No, la alta capacidad no es un problema de salud, aunque podría llegar a afectarla cuando no se atiende. La alta capacidad y su atención en el aula es algo más básico: es un problema de sentido profesional, de sentido común. Y si algún profesor, pocos habrá, no estuviese dispuesto a preguntarse si está haciendo todo lo que puede por desarrollar a sus alumnos óptimamente (lo manda la ley, por cierto), debería reconsiderar cuál es su papel en la escuela. Y si la Administración tampoco se implicase podría preguntarse cuál es su papel en el desarrollo del Sistema Educativo y de la sociedad. Leí no hace mucho un slogan que portaba una alumna en una escuela que decía (se refería a sus profesores): Learn or retire (Aprende o jubílate).

Nada de lo que digo pretende ofender a nadie, ni molestar tampoco. Solo es una llamada de atención ante un problema educativo que no se puede seguir ignorando, porque de otro modo, lo que es un activo social de primer orden, sí acabará por malograse. ¡Ah! y como dije en otra ocasión, las consecuencias las pagaremos todos, porque las sociedades que no apuestan seriamente por el desarrollo del talento acaban siendo colonizadas por otros. Deseo que ese no sea nuestro caso. Pero para que no lo sea, es preciso actuar YA, sin más dilación. Algunos centros educativos lo han comprendido y están poniendo en marcha proyectos de gran calado de los que os daré cuenta en su momento.

 

 

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